lunes, 2 de abril de 2012

Reseña de Ángeles de cartón en el blog: Universo de los Libros

Un saludito a todos los seguidores y amigos de Literatura Horizontal Mián Ros.

Últimamente ando un poco, o un mucho, alejado del blog. Los motivos no son otros que reordenar ideas y avanzar con paso firme la novela en la que estoy inmerso (la segunda parte de La leyenda de Almaranthya). Los propósitos quizá sean un lastre que cuelga de la conciencia y el mío tiene de cuerdamargen hasta final de año (ya veremos).

El hecho de volver al blog es porque quería compartir con todos vosotros la reseña que Universo de los Libros ha realizado de mi novela Ángeles de cartón. Espero que paséis un rato agradable leyéndola. Agradecer desde aquí el trabajo tan encomiable que hace Tatty reseñando todas las novelas que caen en sus manos. Felicidades, amiga.

Enlace: http://eluniversodeloslibros.blogspot.com.es/2012/04/resena-angeles-de-carton.html

Espero no ausentarme en exceso para la siguiente entrada.
Abrazos.
Mián Ros





Hace unos meses conocí a Miguel Ángel López a través del blog de Blanca Miosi, primeramente en su faceta de ilustrador y posteriormente descubrí que también escribía, por lo que cuando ofreció su novela en descarga gratuita en su blog me anime a leerla.
 El protagonista de Ángeles de cartón es un hombre al que conocemos bajo el nombre de Champalán, un vagabundo cincuentón que subsiste en las calles de Madrid alojado en el sucio y deteriorado portal de un viejo caserón en ruinas que comparte con su amigo Casca, vagabundo como él. Deambula por las calles con un pequeño maletín, una Biblia de bolsillo, unos cuantos cartones y una manta como únicas pertenencias. Dentro del maletín conserva lo que para él es más importante, un bolígrafo Bic y un cuaderno donde va dejando constancia de sus pensamientos, de aquello que desea su corazón y anhela su alma, encontrando en la escritura un medio para evadirse del mundo y sentirse reconfortado.
Champalán no cree que nadie lea lo que escribe un indigente pero tiene una pequeña esperanza de que todo cuando queda recogido en ese cuaderno llegue algún día a manos de su hija Ángela, ella es la principal destinataria de sus letras. Y a través de estas líneas es como vamos descubriendo resquicios de su anterior vida, de su esposa Deborah, de su hija desaparecida con tan solo cuatro años y que es el motivo por el que ha tomado la decisión de vivir en las calles, ansiando encontrar una señal que le guíe hacia ella.
Serán estas señales que solo él parece percibir las que le llevarán a depositar su confianza en una joven que rescata de la agresión que está sufriendo en un callejón y que posteriormente descubrirá que conoce el paradero actual de Ángela.
 Una vez que empiezas a leer, la prosa de MiAn te envuelve y ya es muy difícil dejar el libro de lado, la historia que está contando en principio no tiene tanta importancia como la forma de acercárnosla. Y es que su forma de escribir es magnífica, con un estilo envolvente, intimista, cuidadoso, como si de poesía se tratase, consiguiendo que leas no porque la trama te haya atrapado sino porque estás disfrutando de la narración y como ocurre con las cosas que nos gustan, necesitamos más y esto nos impulsa a seguir avanzando página tras página. Es entonces cuando la historia comienza a ganar intensidad, el ritmo se acelera cada vez más y el desconcierto nos invade, ya que no sabemos hacia donde nos llevan los hechos. En este punto es imposible no formular nuestras propias hipótesis, intentar encontrar una solución a las múltiples preguntas que se agolpan en nuestra mente y que poco a poco irán encontrando respuesta. Estas respuestas nos llegarán a través de giros insospechados y sorprendentes, ya que si algo tiene este libro es un final impactante que, al menos en mi caso, no me había planteado en ningún momento a pesar de que las primeras páginas esconden algunas referencias. Y ha conseguido sorprenderme no una, sino dos veces, por lo que una vez concluida la lectura solo puedo sentir admiración por un historia tan bien planteada y entrelazada que me ha ido guiando hacia un final en el que una vez conocido, las piezas encajan perfectamente esclareciendo todos los hechos.

Es el propio Champalán quien nos cuenta su historia en primera persona y ya desde los primeros párrafos se estable un fuerte vínculo con él. Apreciamos que es un hombre bondadoso, muy humano y sobre todo con un inmenso sentimiento de culpa que le atormenta y acompaña en todo momento. Nos habla de su día a día en la calle, de su compañero Casca, de Alicia la dueña del bar que frecuentan, de Menta y la aventura que emprende en su compañía para encontrar a Ángela y sobre todo nos habla de sus sentimientos y emociones, de los hechos que forman parte de su pasado y han desencadenado en lo que es hoy en día. Muchos párrafos son una especie de monólogo dirigido a su hija, en el que le cuenta lo mucho que la quiere y siempre la ha querido, lo vacío que se siente sin ella y cómo estos recuerdos le atormentan, se siente culpable por los hechos pasados y la desesperación y melancolía que siente solo encuentran refugio en la letras que brotan a través de su boli BIC.

"Es por tanto fácil adivinar que las emociones que voy recogiendo alrededor de mí, son mías y sólo mías. Y sin embargo, aunque no ocurriera nada de lo que pienso y todas estas hojas languidecieran en algún rincón gris y húmedo en algún lugar, me da igual, escribir me reconforta y de alguna manera me evade del mundo que chilla ahí fuera. Es un limbo espiritual que cierro para mí en el que me acompaña mi ferviente compañero BIC quien hace visible mi pensamiento. Nadie más puede entrar si yo no quiero."

A pesar de compartir tanto con nosotros hay una faceta que queda en el aire, conocemos a Champalán el vagabundo pero nos falta la pieza fundamental para terminar de conocerle que es su pasado. No sabemos porqué está en la calle, qué le ha llevado a renunciar a su vida anterior como prestigioso hombre de negocios para lanzarse a la  vida entre cartones en la calle, qué pasó con su hija Ángela y porque piensa que esta forma de vida le va a llevar a su lado.  Son muchas preguntas sin respuesta que necesitan ser resueltas y por lo tanto es inevitable intentar llegar lo antes posible al final del libro donde se esconde la solución.

El resto de personajes nos llegan a través de la propia percepción que Champalán tiene de ellos y están muy bien definidos, nos da todo tipo de detalles tanto de su físico como de su carácter para que nos podamos hacer una idea del tipo de persona que es cada uno. Destacan sobre todo dos que son Casca y Menta ya que son los que más tiempo pasan con él.

De Casca sabemos que es también un vagabundo, que se encuentra en la calle no por una decisión propia sino por circunstancias que él mismo se buscó como su egoísmo, infidelidades y alcohol. A pesar de estos defectos es un hombre a quien Champalan admira por su valentía y capacidad para adaptarse a las circunstancias que le ha tocado vivir, por su generosidad y por su sinceridad, que le convierte en un gran hombre.
Menta, la joven que Champalán rescata en la calle y con la que aflora su instinto paternal, es un personaje del que nos llegan pocas referencias ya que la acaba de conocer y no puede obtener datos sobre su pasado que nos ayuden a profundizar en su personalidad. Solo conocemos a la persona que le acompaña en el relato y es bastante misteriosa, se muestra ambigua y es difícil saber cuál es su postura, algo que es necesario para mantener el misterio hasta el desenlace de la obra.

Respecto de los escenarios en los que transcurre la acción, sabemos que se encuentra en Madrid pero no se centra en darnos descripciones de las zonas por las que se mueve, solamente describe con detalle algunos de los sitios por los que transita como por ejemplo el portal en el que vive o el local en el que va a buscar a Ángela. Lo más interesante son las reflexiones que hace sobre el ambiente y situación que le rodea, tanto de la ciudad en su conjunto y la forma de vida que llevan las personas como de la miseria y duras condiciones en la que viven los indigentes.

"Quizá sea sólo yo, el que veo esa peligrosa aceleración entre las calles, ese aire infectado alrededor de las personas, esa tácita indiferencia que asumen de cargar y arrastrar vagando como duendes hacia uno y otro lado, puestos en marcha por este rugido que sacude la ciudad, imposible ya de parar."

"Ellos andan, corren, se detienen, pero no me ven, o no quieren verme, aunque yo sí que los veo, a todos, sin excepción. Me unto y me entretengo con sus gestos; algunos son alegres, otros tribales, pocos hay trasparentes mezclados entre los muchos opacos. Pero en conjunción, me espanta reconocer en todos ellos sus miedos. Miedo, que sensación tan sombría se descubre en mi conciencia simplemente con nombrarlo."

"Pero es duro, muy duro e impensable aguantar todo este sufrimiento interminable, soportando las crudas condiciones de vivir a la intemperie que debilitan a uno hasta la extenuación. Nunca llegué a pensar que fuera así, esto me lleva a recapacitar en ocasiones si volver a la sensatez de la que una vez me aparté, y a la que puedo acceder en el momento que quiera, cosa que no puede decir lo mismo Casca."

Estos son solo algunos párrafos de los muchos que llaman la atención en esta novela, una obra que sin duda merece la pena descubrir tanto por la calidad de su escritura como por averiguar las motivaciones que llevan a un hombre que lo tiene todo a abandonar su vida para convertirse en un "ángel de cartón".

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