viernes, 20 de enero de 2012

El Manuscrito I. El secreto, de Blanca Miosi

El Manuscrito I. El secreto, ha sido una de esas novelas que he tenido la suerte de saber de ella desde sus inicios, desde que la encomiable escritora Blanca Miosi, nacida en Perú y afincada en Venezuela hace ya algún tiempo, mencionase en su blog y redes sociales estar entregada en cuerpo y alma a dicho proyecto: el primer borrador de la novela.
Esta primera entrega de Nicholas Blohm, escritor sin mucha fortuna y sin demasiada fe en sí mismo, nos pone sobre la pista de un peculiar personaje que se cruza en su camino. El individuo le hace entrega de un manuscrito singular, del cual emergen una serie de acontecimientos registrados en el libro y en los que curiosamente Nicholas parece estar involucrado. La sola idea de poder plasmar cuanto lee y cuanto le está sucediendo para una futura novela le apresa en su propia trama de tal manera, que ve una oportunidad inmejorable y única para reflotar su ánimo y poder crear una novela brillante a la vez que diferente.
Los hechos que va descubriendo le arrastran a profundizar en la veracidad de cuanto está escrito. De esta manera conoce a Dante Contini-Massera, sobrino del conde Claudio Contini-Massera, que está apunto de recibir de su tío una herencia incalculable que apenas entra en la mente de cualquier mortal, y a saber de la espeluznante historia que concierne a Josef Mengele, médico y criminal de guerra nazi, especialmente reconocido por sus esperpénticos experimentos con seres humanos.
Blanca Miosi nos lleva hábilmente de la mano de Nicholas Blohm a conocer antiguas bibliotecas y a descender a viejas catacumbas en Armenia. Todo un entramado entretenido donde el lector se sentirá en todo momento atrapado por la historia, y con la curiosa necesidad de resolver todos los enigmas que persiguen la propia conciencia de Nicholas Blohm.
En definitiva, El secreto es una novela de intriga con algunos toques de Historia bien entrelazados con la ficción. Quizá echo en falta (en este tipo de aventura, y a modo muy personal) ciertos puntos de acción que hubieran realzado los momentos de mayor tensión de la trama. Pero en definitiva, es una novela muy recomendable a la que Blanca Miosi nos tiene acostumbrados con su elegante y accesible narrativa.


Datos de la novela.

Nicholas Blohm, un escritor frustrado, encuentra cierto día en el parque un extraño personaje: un comprador-vendedor "al peso" de libros usados. El hombrecillo lo reconoce por haber leído de él un par de libros, y decide obsequiarle un manuscrito que extrajo de la colección que guardaba en una enorme bolsa plástica negra.
El escritor empieza a leerlo y nota que el manuscrito es especial. Cuando lo cierra desaparece la historia, es decir, todo lo que en él había escrito. Se desespera, pues su intención es apropiarse de la novela, y en medio de su ansiedad por encontrar respuestas decide buscar en Internet. Encuentra que los personajes que figuraban en el manuscrito sí existen y que justo está ocurriendo lo que decía que iba a suceder. 
Viaja a Roma a encontrar a los personajes de "su novela" y de pronto se ve involucrado en la trama. 
A lo largo de la novela junto al personaje principal debe encontrar el secreto dejado por el conde Claudio Contini-Massera a su sobrino. Un secreto que de llegar a cristalizarse involucra una gran fortuna, una búsqueda que apela a la inteligencia de ambos: sobrino y escritor; y que los lleva a bibliotecas encadenadas, a las catacumbas de Armenia y a la Isla de Capri. 
La novela transcurre en catorce trepidantes días. Es una novela corta, que en su versión papel podría contener 260 páginas.

*  *  *  *  *  *  *

Blanca Miosi nació en Perú  y vive desde hace décadas en Venezuela.
Publicó su primera novela El pacto en 2004 y en 2005, otra obra suya, El cóndor de la pluma dorada, quedó finalista en el concurso Yo escribo. La búsqueda, Roca Editorial 2008, Barcelona España, un relato basado en la vida de su esposo, prisionero superviviente del campo de concentración de Auschwitz, tuvo una gran acogida. Fue ganadora del Thriller Award 2007.
En 2009  publicó  de la mano de Editorial Viceversa, Barcelona, España: El legado.  Un fascinante relato sobre una saga familiar basada en el personaje de Erik Hanussen, considerado durante muchos años el mejor vidente de Berlín y consejero personal del Adolf Hitler. A la venta en España, Sudamérica y ahora en Amazon en formato Kindle y de papel. Actualmente es representada por Antonia Kerrigan Literary Agency.
Otras obras publicadas en Amazon:  Dimitri Galunov El manuscrito.

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domingo, 8 de enero de 2012

Blanco

Empieza un nuevo año. Nuevos proyectos, nuevos sueños, nuevos relatos, nuevas novelas, nuevas lecturas; acabar aquello que también dejamos a medias. Todo se repite. Y dentro de esta secuencia llega el reto de  todo aprendiz de aprendiz de escritor, el reto al que nos enfrentamos cada día: la hoja en blanco. Una historia nos aguarda, una trama flota en un mundo paralelo. ¡¡Hagamos que el blanco cobre vida!!



BLANCO  (relato corto)

Blanco. Ante mis ojos solo veo el color blanco, como una faja que oprime todo, como algo que soy incapaz de dejar atrás. Pero mi límite avanza a través de este tono pálido, sin sombras, sin fondo, inexorablemente cauto pero sagaz, y no encuentra a su paso un haragán que guarde la senda, si acaso hubiera senda porque no la hay. La percepción del tacto solo percibe la vasta superficie lisa, clara, sin hilvanes, carente de todo y vasta en nada. Sin embargo, se advierte cordial, de mano nívea y tendida, de cabeza sabia y displicente abierta a saludar a mis legiones, quienes portan, a veces, el saco medio lleno de ocurrencias, medio vacío de confusiones. Pero no nos engañemos, algo aguarda, algo medita, algo quiere... ¿pero qué?
Es por tanto que mi avance sea cauto, lento, y hasta temeroso en algún tal vez, poco dispuesto en algún que otro instante, y novelero y atrevido al punto que mi deseo da muestras de convencimiento y mejora. Pero no hay nada, ni siquiera en qué tropezar, salvo la llanura: todo un muro salpicado de blanco, inmaculado y pulcro, puñeteramente cierto, rimbombante y cabal. Y no descubro, ni aun sospecho, un punto donde relajar estos hambrientos ojos prendidos de la curiosidad más espontánea.
Avanzo. Una nueva conquista me aguarda. Avanzo, sólo avanzo. El blanco siempre se rehace en esperas.
Me da miedo mirar atrás, pero lo hago. Y mis ojos reflejan una serpiente de letras que va quedando argollada a mi espalda como una cadeneta de fiesta, de sueños que prenden del sentido de mi marcha, dispuesta a perdurar, reptil opíparo a manos llenas, tajante y voraz; texto común advierte aquél, orgulloso de publicar el nombre; borrón que motea el claro colorido califica algún otro, más allá, en boca pequeña de acento frívolo. ¿Y qué más da?, responde una voz dentro de mí que parece mía y rumiase acentos sobrios en alguno de los pasillos más cercanos a mi alma: “La sirga es fuerte, aun más que recta ¿Son mis huellas?”... “Quizá lo sean”, insinúa en respuesta la voz del castro que gobierna mi conciencia. Pero me da miedo pensar, no estoy para pensar, ni siquiera podría certificar que estoy; voy a dejarme ir, voy a destensar, aflojar esta rueca de finales sin fin que me acerca a la incertidumbre inicial donde todo vuelve a comenzar. Y lo hago.
Comienzo.
De este modo, involuntariamente apresurado, corrijo la postura y traslado la mirada al lugar hacia donde me dirijo, empujado por una manía jocosa de régimen liberada. Algo me absorbe y me aparta por un momento del innegable umbral del blanco. Y aquí, escondido en el paraíso particular que me gobierna en este instante, recostado en el trono que nunca pretendí, relamo la vertical de mi prudencia, flotando en un lapso de tiempo, prisionero del momento. Ahí fuera, el mismo cuadro sin biseles, la pincelada del blanco persiste en masas que empuñan picas silenciosas y aguardan envueltas en capas aterciopeladas de tonos perplejos. Sí, aguardan. Sin embargo por momentos me descubro lejos de los ojos, lejos de las pupilas de cristal del ejército blanco que campa sin complejos. El blanco, algo aguarda, algo medita, algo quiere... ¿pero qué?
El silencio me limita, la percepción se dilata, me incomoda y alerta casi a la par. Mi instinto desatiende a la formación blanca. Ahora... solo ahora lo oigo. En algún lugar llueve, estoy seguro. Hay vida al otro lado. El olor es fresco, y me llega a borbotones. El llanto de un niño conquista la oscuridad de la habitación. El silencio salta despavorido por la ventana. Hay un segundo de traqueteos, de pasos. Una mano se mueve en la penumbra; la luz aparece, la noche huye. Alguien susurra una voz. Cerca, tan cerca que el llanto cede, el rumor se recompone recogiéndose en canastos de sombras. Vuelvo aquí, a la sombría cámara que regento, al cuerpo que me encierra, y sin darme cuenta me alejo de aquella estancia aislada de paredes etéreas que rigen algún lugar de mí, y, vuelve el blanco, vuelve, a conquistar la guardia que protege la barbacana enclavada en el perfil de mi siguiente y última ojeada.
Blanco, otra vez rendido al blanco. Parece que me llama, ¿pero cómo? Sabe que si lo hace no podré resistirme. Iré... claro que iré, a pasear mi ocurrencia expuesta por esta entrometida y dúctil mano de cinco apéndices que compone uno de los extremos de mi forma, y al hacerlo la cadeneta de fiesta se irá desplegando de manera arrebolada con hilo trasparente, hilo que tendiera ayer y, espero, tender en series interminables de: hoy tras hoy. Pero me da miedo mirar atrás, no estoy para mirar, a lo mejor ni estoy; voy a dejarme ir, despedirme de mí mismo, quizá esté mejor sin mí.
Entonces, vuelve el blanco. Es mi laude; la historia se repite a partir de aquí, más allá de mi margen. No quiero retirar mi mano, si lo hago no habrá serpientes de letras, ni tendidas cadenetas de fiesta. Solo el color blanco, gobernando su propio reino de soledad.
Pero mi esfuerzo se consume en mirar atrás. Sí, ahí está, me sigue: la serpiente es cada vez más extensa, la sirga es fuerte, tal vez sea mi huella perseverante y viva dispuesta a perdurar.
¡Vamos!, grita el capitán de mi ánimo. ¡Vamos!, se agita el estandarte de mi forma. ¡Vamos!, se blande mi entusiasmo dispuesto a conquistar la historia... 
Historia que aguarda más allá del reino blanco.

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Mían Ros (quedan reservados todos los derechos sin permiso del autor)