martes, 25 de enero de 2011

Diario de a bordo


Diario de a bordo (valga “a bordo” para este blog como carabela, y yo “singular correveidile” como capitán).

Sigo aquí, padeciendo el último coletazo que me ha dejado la gripe (mi decaimiento cuenta ya dos semanas), y para suma de males, también ha venido a reunirse conmigo el don de enero que empieza a manifestarse en mi interior antes de lo debido, y no es más que mi querida alergia; y todo gracias a que antes de que empezaran estos fríos que estamos padeciendo hubo unas semanas con temperaturas casi primaverales que hicieron que los almendros adelantaran la temporada con sus vestidos de flores.

En fin, viro a babor y vuelvo a mi isla buscando el consuelo de arenas cálidas y el silencio siempre necesario en estos casos, alejándome de los almendros, dejando los gérmenes en tierras extranjeras, y los restos, que aún me afectan, pido al cielo para que mueran en el momento de echar el ancla.

Bye bye.

El capitán (Mián Ros)

viernes, 14 de enero de 2011

Añoranza


Añoranza

Cuando te conocí, fui la persona más feliz del mundo. Contigo todo resultaba diferente, hasta mis sueños de blanco y negro se pintaron de colores entonces. Era cerrar los ojos y te veía por todas partes. Tanta felicidad me dabas que en casa sólo hablaba de ti. Fuiste mi gran sueño.

Hasta que comprendí la parte amarga de los sueños, la parte escondida de las rosas, las espinas que escondía tu hermosura. Pasamos momentos duros, difíciles, pese a todo me esforcé para no perderte; y hasta hice de tripas corazón para que mi amor por ti permaneciera, pero mi entrega parecía insuficiente.

Estuve a punto de mandarlo todo a la mierda: a ti, a mí, al mundo, pero siempre había algo, llámalo amor, compromiso, moralidad que me llevaba de nuevo a ti, y me obligaba a quererte.

Y sin embargo te perdí. Nunca pensé que esto llegaría a pasar, bueno sí, pero no fui yo quien lo dijo. En casa, mi padre, que nunca tuvo prisa por nada, no te veía con buenos ojos, “no está nada mal, pero tú te mereces algo mejor, hijo” me dijo en medio de las voces de mi madre por defenderme, a ella si le habías conquistado el corazón (quizá porque contigo, su hijo había sentado la cabeza).

Y me hace gracia, porque aunque te perdí, en casa siguen hablando de ti, a todas horas, eres el tema donde desemboca cualquier conversación. Hasta mi padre ha cambiado y me anima a que vaya de nuevo a buscarte, que contigo seré otra vez feliz, que volverán los sueños, no sé si los míos, pero sí la tranquilidad de los suyos.

Es verdad, te añoro, y ahora que llevo un año lejos de ti pienso hacerle caso a mi padre, voy ir a buscarte porque no puedo vivir sin ti, querido trabajo.

Mián Ros (quedan reservados todos los derechos sin permiso del autor)

miércoles, 5 de enero de 2011

Fierecillas consumidoras

Hola a todos, queridos amigos.

Heme aquí, a hurtadillas he podido colarme en vuestra pantalla para revelaros una nimiedad de poco calibre o bagaje (podéis creerme, ha sido fácil dejaros este escrito en vuestro ordenador) pero que puede resultaros un tanto ocioso e incluso podéis acusarme de haber robado unos cuantos gramos de vuestros queridos momentos de este rapaz de aspecto joven que nos acaba de invadir y dice llamarse, Nuevo Año.

Pues bien, recluido en un lapso de diez minutos de este imberbe personaje que apenas conocemos (excepto su nombre numérico), lanzo estas primeras líneas sobre el ordenador que van a pasar a los anales de lo más improductivo de mis escritos del sujeto en cuestión, el tal 2011 (arriesgo a profetizar), o al menos eso espero, que lo que venga a partir de aquí sea más notable que estas cuatro letras que no llevan ningún fin, salvo el mero trámite de informar del estado de un servidor que, para el caso y transcurrido unos días de la última entrada, y tras el cansancio acumulado en ambas piernas, espalda, el par de riñones, que supongo que siguen ahí dentro porque no paran de gruñir de tantas horas extras en el trabajo de estas consumidoras fiestas y la madre que las... (censura), no he cambiado en absoluto. Si bien, he despedido el viejo año sin pena ni gloria, y no es queja, pues agradecido quedo de cuanto sucedió en los doce meses consumidos, y digo bien, consumidos. Otra cosa hubiera sido dejarlos de consumir... ¿entendéis, no?; soy consumista por necesidad. Amén.

Sólo decir que tengo un fresco embrión en mi mente acuñado por el pálpito de un deseo, aunque para todo el que me haya leído en anteriores entradas, obviamente, no revelaré mis propósitos para este 2011 que comienzan tras esta palabrería de infructuoso encadenamiento de letras y cabezonería banal de lo que queda de esta estructura ósea, un tanto de chicha y nada de limoná, que acostumbra a teclear y a conceder párrafos a diestro y siniestro como si realmente tuviera la gracia de la palabra o vaya usted a saber, pero que se queda tras lo expuesto más ancho que largo, uff, casi mejor más largo que ancho, ahora sí.

Je, je. He vuelto a sentarme a los mandos de esta aeronave de teclas negras y letras blancas, ¿alguien lo dudaba? Y puedo prometeros que nada prometo, he dicho, perdón, he escrito.

¡Vale!, ya me voy. Finalizados los diez minutos de gloria que anuncié, os dejo.

Suerte y, ale, a consumir, fierecillas consumidoras... y hablo con don de causa, a mi observación diaria me remito.

Y tal como entré en vuestro ordenador, me voy... a hurtadillas. ¡Ale! ¡Adiós!

Sed buenos, y el que no quiera serlo... pues no sé, no me sale nada de esta chistera de invención en este momento. Ay mira, un fisgón consumidor con forma de conejo...

Mián Ros (queda completamente prohibido reproducir todo o parcialmente esta cantidad de sandeces)