lunes, 27 de diciembre de 2010

"... y por decir, lo digo, no lo digo por decir."

Este año que está a punto de guardar sus bártulos y ser un mero calendario atrasado en el recuerdo de todos, ha resultado para mí (en cuanto a la escritura se refiere) un sucinto espacio de inflexión de trescientos sesenta y cinco días, en el que me declaro: culpable, ya que he faltado a mi palabra, palabra que yo mismo enuncié tal que otro día de diciembre del año anterior, una entrada no muy distante de ésta pero del año dos mil nueve, donde lancé, hurgado por la grandiosidad que abarca el tiempo de una añada, que cumpliría la misión de acabar, al menos, dos de las novelas que tengo en proyecto y, muy a mi pesar, tengo que rendirme ante los obstáculos y condiciones que han relegado ese deseo para el año que viene, dándome de bruces y ahogando mi barcaza de propósitos casi en la orilla soñada. Pero de todo se aprende, y esta vez no lanzaré mi intención más allá de este arbotante que fielmente me simboliza y suscribe en mi nombre, aunque estas líneas me ponen de manifiesto nuevamente.

En cuanto a flecos varios, tengo que dar gracias porque ha sido un año, si no bueno, podía decir que de transición, de aprendizaje, de sentarme en el columpio de la paciencia y ver llegar y pasar las cosas, sin prisas y merendando panecillos untados de sosiego, acogido a los brazos del ánimo de todos los que han pasado por aquí y han querido dejar una pizca de sus pensamientos, de sus inquietudes; gracias a todos e incluso a aquellos que no han tenido el tiempo o el atrevimiento de dejar la profundidad de su zapato en este reservado luminoso y en línea, abierto las veinticuatro horas.

Y en cuanto a lo personal: agradecido en cada amanecer, agradecido de poder respirar junto a los míos, junto a mi mujer, junto a mi hija, sentir cómo su aliento infla las velas de mis sueños.
"Dichoso es abrir los ojos e inundarme de colores. Y más hoy, pues tras mi ventana el cielo es más azul que ayer, pero infinitamente inferior al que espero descubrir mañana". (Mián Ros)

Y, sin nada de pena, no voy a brindar por el año que se va ni por el año que nos viene, pues años llegarán tantos como estrellas en el cielo, sin embargo, voy a brindar por la Vida, la única, la mayor de las suertes que podemos tener o desear, agradecido, siempre agradecido de darme la posibilidad de volver a brindar.

"La Vida es un Regalo, la Muerte, la devolución del mismo”. (Mián Ros)

Regresando a las enraizadas costumbres: ¡FELIZ 2011 a todos!

"Come lo justo, descansa lo necesario, y aprende de cuanto pase por tu lado." (Mián Ros)
Hasta el año que viene.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Ninguna novedad. Sigo trabajando, sigo escribiendo, sigo enredando entre los vivos.

Pasad una feliz semana y una grata cena de Nochebuena y, en la misma armonía, un gran día de Navidad.

Mián Ros

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Pensamientos menos secretos (aunque secretos)

Si alguna vez me he sentido vivo, lo que se dice vivo de verdad, es especialmente en estos momentos. Dentro de una claridad que se desborda entre mis ojos. Un paisaje que apenas tiene fondo en mis retinas. Un agua viva que no ceja y que proporcionará más vida, y, por pura inercia y viajando hacia una manifiesta delicia que siento como mía, me embarga en el estrecho encierro de calendarios viejos y horas vividas, adulterado por la melancolía de un pasado. Naturalmente, es un regazo donde la armoniosa música suena al compás que yo mismo dirijo y requiero, y las laboriosas notas resuenan acopladas y vivas, siempre para bien y sin alejarse del amparo de un placer que, sistemáticamente, pone orden a todas y cada una de las ideas que logran alcanzarme bajo etéreas manos y supuestos susurros transparentes. En definitiva: estoy expuesto al latido del antojo, y me dejo amparar por tanto. ¿Qué más se puede pedir en estos casos? No soy egoísta de mi base argumental, que sí verdugo de mi propio ego ético y soberbio; metal estricto de yelmo y armadura antigua.

Después del masivo desprendimiento de hojas, de la caída de un sinnúmero de gotas de lluvia, y de la consumación encadenada de los días que entran para luego salir, os hago copropietarios de mis pensamientos menos secretos (aunque secretos, y no son pocos) de los muchos frentes que tengo abiertos: la segunda parte de la novela, La leyenda de Almaranthya, también una novela que me tiene a bien traer por las calles del bienestar, La caja de pinceles, y un cuento, no menos dichoso y apuesto que sus hermanos mayores, donde estoy echando parte de los restos que voy encontrando en mi arcana bóveda de fantasía, seleccionando los mejores minerales de la misma; faltaría a la verdad si dijera lo contrario (no puedo revelar el título por el momento). A todo esto hay que añadir los relatos cortos que van cayendo en el tráfico denso de las horas y los días.

Eso sí, toda esta amalgama de escritos depende de mi estado de ánimo, del cansancio, del umbral de las intranquilidades y la tranca inflexible de la incertidumbre del tiempo, pero sobre todo, del arreglo que tengo amañado con las musas que vienen a mí en desinteresado cortejo de alianza para que disponga unos cuantos gramos de "ganas", los útiles pertinentes y la limpieza del pavimento para edificar una novela u otra, o alicate el cuento o blanquee algún relato, según oscile la brújula de mi escritura de ese instante y, desde luego, la admisión que quiera adoptar mi caprichoso juez, e incluso si quiere acomodar la silla de este lado o del otro; enrevesado hasta desfallecer.

Obviamente, sé que es complicado llevar a reino tantas empresas con cierta garantía, pero las cosas están así, y no es queja alguna por supuesto, ya que, como empecé diciendo en esta confidencia abierta y de tecla expuesta, si alguna vez me he sentido vivo, lo que se dice vivo de verdad, es especialmente en estos momentos. Y me satisface sobremanera el no separarme demasiado de mí. De este modo el riesgo de una conquista de los ejércitos del tedio es menor, mucho menor, probablemente.

Pero bueno, puestos a evaluar todo es superfluo y discordante, pues la perspectiva siempre será distinta si se mueve el punto o el eje desde donde se lanza la mirada.

Acabando, “no hay más que por menos se sienta, ni menos que por más se confunda.” (Mián Ros)

Quiero desearos buenas escrituras a este lado del cristal, cerca de la manta del hogar, al otro lado de los brazos de la lluvia.

Sed buenos, y si sois malos, por lo menos no lo seáis mucho ¿vale?

Arrivederci (Mián Ros)