domingo, 31 de octubre de 2010

Homenaje a Miguel Hernández

Homenaje a Miguel Hernández (cien años de su nacimiento. Orihuela, 30 octubre de 1910)
LA BOCA

Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.

¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!

Beso en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.


Miguel Hernández


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Por otra parte tenemos la gran noche de Halloween. Para aquellos que gusten de las leyendas aquí tenéis la de Jack el tacaño. Feliz fin de semana.

La Leyenda de Halloween (Jack el tacaño)

Hace muchos años, en la noche de brujas, un hombre conocido como Jack el tacaño, tuvo la mala fortuna de encontrarse cara a cara con el mismísimo diablo en una taberna. Jack, como siempre, había bebido durante toda la noche, aun así pudo engañar al diablo ofreciéndole su alma a cambio de un último trago y de que pagara las bebidas. El diablo aceptó y se convirtió en una moneda para pagar al camarero, pero Jack decidió rápidamente quedarse la moneda guardándola en su bolsillo junto a una cruz de plata y así impedir que el diablo se liberara y que adoptase de nuevo su forma original hasta que prometiera no pedir su alma en diez años. El diablo no tuvo más remedio que aceptar.

Diez años más tarde, Jack y el diablo se encontraron en un bosque para saldar su deuda. El diablo estaba dispuesto a llevarse consigo su alma, pero Jack pensó rápido y dijo: "Como último deseo... ¿Podrías bajarme aquella manzana de ese árbol por favor?". El diablo pensó que no perdía nada, y de un salto llegó a la copa del árbol, pero antes de que el diablo se diese cuenta, Jack marcó rápidamente una cruz en la corteza del árbol. Entonces el diablo no pudo bajar. Jack le obligó, una vez más, a prometer que jamás le pediría su alma nuevamente. El diablo no tuvo más remedio que aceptar.

Jack murió unos años más tarde, pero no pudo entrar en el paraíso, pues durante su vida había sido un borracho y un estafador. Pero cuando intentó entrar en el infierno, el diablo lo reconoció y lo envió de vuelta por no faltar a la promesa de tomar su alma. "¿Adónde iré ahora?", preguntó Jack, y el diablo le contestó: "Vuelve por donde viniste". El camino de regreso era oscuro y frío, no se podía ver nada. El diablo le lanzó a Jack un carbón encendido desde el mismísimo infierno, para que pudiera guiarse en la oscuridad, y Jack lo puso en un nabo que había vaciado para que no se apagara con el viento.

Ahora Jack vaga sin rumbo con su linterna para toda la eternidad.
Los irlandeses solían utilizar nabos para fabricar sus "faroles de Jack", pero cuando los inmigrantes llegaron a Estados Unidos advirtieron que las calabazas eran más abundantes que los nabos. Por ese motivo, surgió la costumbre de tallar calabazas para la noche de Halloween y transformarlas en faroles introduciendo una brasa o una vela en su interior. El farol no tenía como objetivo convocar espíritus malignos sino mantenerlos alejados de las personas y sus hogares.

Feliz noche de HALLOWEEN, a todos.
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martes, 26 de octubre de 2010

Cartas a un idiota (J. J. Benitez)

Cartas a un idiota. Memorias de un desmemoriado (J. J. Benitez)

Después de cuarenta y nueve libros escritos y cuarenta y cuatro publicados, J. J. Benítez decide experimentar algo insólito (para él): escribir para no publicar. En julio de 2002, el periodista e investigador navarro está a punto de morir. A partir de ese momento, su vida cambia, todo cambia. Y decide escribir para “el idiota que lleva dentro”. Así aparece Cartas a un idiota, la obra más íntima y mejor trabajada. Pura orfebrería del pensamiento. Lo que no sabía J. J. Benítez es que el Destino también hace trampas...

Cartas a un idiota es un trabajo bien estructurado que sirve como alimento espiritual a la persona basándose en el análisis reflexivo de uno mismo y la obtención del mayor provecho de las PGC (las pequeñas grandes cosas).

“¿VIVIR, con mayúsculas? Otro viejo y añorado sueño. Lo predico casi a diario, en mis libros. VIVIR. Eso es lo que cuenta. Sin embargo, soy el primero que no lo cumple. No VIVO. En el mejor de los casos, MALVIVO. Y los pensamientos me atropellan: lunes (reunión con montaje), la música no me gusta, llamada al cura Iñaki (sabe un caso de ¡resucitado”), almuerzo con el equipo...”.
“Lo sé. No es bueno vivir con minúsculas. En realidad no puedo hacer otra cosa. Alguien tiene que pagar las facturas. ¿O no?

Benítez, tras ver la puerta que “cruza al otro lado”, esquivar la muerte y recibir la gracia de una segunda oportunidad, nos implica en este ensayo su propia experiencia y enseña a nutrir nuestro propio pensamiento. A saber recorrer los pasajes encerados de banalidades para no escurrirnos, otorgando (al que se preste a escuchar, no sólo a leer) las botas enlodadas para restar pulidez a lo vivido y atravesar, con un “yo firme”, el verdadero sentido brillante de la VIDA; llegar a la cima del “saber VIVIR con mayúsculas”. Renunciar a las prisas aferradas al sistema establecido y multitudinario yermado por las obligaciones; calzarse la VIDA y acordarse de lo que realmente importa: VIVIR. Darle el respeto y el sitio que se merece a “la duda”, esa que siempre habita en algún rincón de nosotros mismos. Sentirse amigo del silencio. Sazonar la Cordura. Lavar a mano tu “yo”. Ser profano e idiota en tu tierra. Asomarse de puertas para dentro y reírnos del miserable que llevamos dentro.

“En la medida de tus posibilidades, cambia lo grande por lo pequeño. No importa qué. Lo grande, como el azul del cielo, es tan hermoso como lejano. Aquí, en esta vida, nunca será de tu propiedad. No comercies con lo imposible. Si de verdad quieres VIVIR, acaricia y juega con lo pequeño. Si te fijas, lo grande siempre está compuesto por muchos pocos.”

En definitiva: LUZ + LUZ = OSCURIDAD.” Y como dijo el buen amigo de Benítez, Joaquín Ibarra: “No hay nada (NADA) que no se pueda dejar para mañana.”

El resultado que obtengo después de leer, Cartas a un idiota de J. J. Benítez es: aprende a VIVIR + VIVE (con mayúsculas)= VIVIRÁS.

A continuación incorporo una pequeña entrevista obtenida de la web del investigador, periodista, escritor, poeta... J.J. Benitez.

Se dedica a la «revolución», es decir, a pensar


¿Cuál es su tema favorito?: “Jesús de Nazaret”.

Es un admirador ferviente de Julio Verne, ha visitado tres veces el Mausoleo de Verne. En una ocasión limpió su tumba y le puso flores blancas. Llegó a pagar unos 1.800 dólares por un libro del autor. En 1988 J.J. Benítez publicó "Yo, Julio Verne".

Libro favorito de infancia: Libros de Verne y de Tarzán, aunque los tuvo que empeñar para salir con sus amigos.

Ha dado la vuelta al mundo más de 100 veces investigando misterios y enigmas. Su penúltimo coche recorrió más de 500.000 kilómetros.

Sus dos amores: “Mi esposa y la mar."

Libros vendidos: Más de 9 millones de ejemplares en todo el mundo y en varios idiomas, y más de 5 millones de la serie "Caballo de Troya." Tenía 28 años cuando escribió su primer libro, “Existió Otra Humanidad.”

¿Se considera más periodista que escritor? “Si, claro. Para escribir hay que tener el don de la palabra. Yo sólo pinto con ellas.”

¿Pasatiempo favorito?: “Pintar y el cine. El jardín es pura terapia.”

¿Qué utiliza para escribir?: “Una máquina de escribir Olivetti. Es cuestión de fidelidad.”

¿Su escritor contemporáneo favorito? “Los que hacen cine con las palabras.”

¿Qué lo hace reír? “Sobre todo, yo mismo.”

¿Cuál es la música que más disfruta? “Depende del momento. Ahora estoy con Yanni y Bárbara Streisand.”

¿Si tuviera una segunda oportunidad que haría? “Ya la he tenido, a partir del 26 de Julio 2002.”

Su comida favorita: "Bocadillos con pan muy tostado."

¿Qué país o lugar que más lo ha impactado por su belleza? “No conozco ningún país feo. Solo gente impresentable.”

Su palabra favorita: "Ahora."

¿Es Curioso? “Sí, sobre todo con lo prohibido.”

Es fanático, amigo y socio de Jesús. ¿Le gusta escuchar más de lo que le gusta hablar? “Cuando me escucho me doy risa.”

Un saludo a todos los seguidores de Literatura Horizontal y feliz semana.
Mián Ros

lunes, 18 de octubre de 2010

Nada

Nada
─Abre los ojos. ¿Qué ves?
─Nada.
─Éste será tu cuerpo. Los demás caminarán a través de ti.
Mián Ros (quedan reservados todos los derechos sin permiso del autor)

martes, 5 de octubre de 2010

INTELIGENTES

─¿No te cansas de observarlos? ─trinó una voz.
─No ─respondió su compañera.
─Es curioso cómo son capaces de hurgarlo todo. Mira, van y vienen una y otra vez, y siguen, y no paran hasta que se cansan. Resultan increíbles.
─Cierto ─aseveró la primera voz con indulgencia─. Quizá sea su virtud.
─Virtud sería si no se cansaran. Y encima construyen dificultosos nidos donde viven casi toda su vida y donde apenas entra el sol, y hasta son capaces de recolectar alimentos en ellos como si el momento final estuviera siempre agitando sus cabezas y la gracia de los días les fuera a negar la luz a sus grandes ojos.
─Así es.
─Y sin embargo viven preocupados y no parecen felices del todo. Pero son inteligentes.
─¿Inteligentes?
─Inteligentes ─ratificó al instante la primera voz─. Y dudo que se desliguen alguna vez de esa extraña enfermedad. Cuando esto ocurra, habrán alcanzado el sencillo conocimiento con el que nosotros fuimos dotados.
─Yo no quiero que esto ocurra. Son territoriales, con nuestra capacidad echarían abajo nuestra armonía para luego desterrarnos a otros límites.
─No te preocupes, aún no ha crecido ninguno sin esa extraña enfermedad.

Y la pareja de gorriones abandonó el árbol y echó a volar, trinando, hacia la inmensidad del cielo.

Mián Ros (quedan todos los derechos reservados sin permiso del autor)