jueves, 23 de septiembre de 2010

La escritura sigue

Engatusado de lleno en escribir mi nueva novela, tengo que decir que he pasado unos días tratando de esclarecer un reto que ha saltado a mi camino en pleno trajín de su escritura. Y es que, a pesar de haber hecho los deberes previamente y realizado de un modo concienzudo el campo de investigación antes de echarme a escribir, La caja de pinceles (título por el momento provisional), he tenido que volver a la exploración en busca de más y más datos que, llegado a un punto y cotejado con los apuntes que ya tenía, me faltaban y que eran imprescindibles para el devenir del resultado final de la obra, y esta vez mi búsqueda ha llegado hasta el museo del Vaticano en Roma, y más concretamente al Belvedere, lugar donde trabajó Leonardo Da Vinci en el 1513 al servicio de Juliano II de Médici, hermano del papa León X.
Una vez zambullido por los prohibidos terrenos religiosos y tomado las notas pertinentes puedo deciros que he continuado con la novela.

Por otra parte, y con un retraso más que sorprendente, esta semana (y cruzo los dedos) he recibido una llamada con una grata sorpresa: por fin sale el libro de Tolky Monkys con los quince relatos ganadores del primer concurso de Cuentos de personajes para personajes en la que se incluye mi relato ganador, Abram, el nuevo conde de los vampiros. El libro se podrá comprar en cualquiera de las tiendas Tolky Monkys y seguramente por internet en la página de la editorial que colabora con el certamen, Bubok.com.
El grupo Tolky me informó que ya me había enviado un ejemplar pero aún no lo he recibido. Así que, hasta que no tenga el libro en mis manos, piano piano... sabéis ¿no?

Y poco más, sólo desearos buena semana y felices lecturas y escrituras.
Un saludo a todos los seguidores de Literatura Horizontal.
Vuelvo a la novela, bye.
Mián Ros

martes, 14 de septiembre de 2010

Cosas de la vida 3

Tercera y última parte de Cosas de la vida (espero). Y es que algunos de vosotros me habéis dado pie a crear, o a creer, que esta circunstancia podía valerme para ambientar un relato. Y... bueno, casi como el que no quiere la cosa y dándole vueltas en la cabeza en determinados momentos, podía decirse que... surgió (entre el vaivén de hormigoneras y golpes de martillo, y con el permiso de mis personajes de La caja de pinceles, obviamente).

Y eso es todo. Sólo desearos una feliz semana. ¡Puf! aquí llega otra... ya sabéis a qué me refiero, je je.
Mián Ros

CONDENA

Fui levantado por la voluntad de ellos.

Pero cuando fui consciente de mí por primera vez, vi que sólo él me dedicaba su miraba. Podía leer su concentrada ira expuesta en miles de venas abultadas y sangrantes repartidas en dos indiscretos ojos abotargados de ansiedad. Mientras, otros como él se esforzaban en que yo fuera algo, y ese algo debía representar solidez y apariencia, o acaso ser un digno competidor de mis propios semejantes.

Se descubrían las formas y a la par lo hacían los ruidos. Luego, y en la misma concordancia desaparecían con las horas y tomaba cuerpo el silencio, bajo un pliegue oscuro y desolador, y él se asomaba a verme; sin luz, con ella. Sin embargo, no siempre era así. Llegaban distanciados momentos hasta donde llegué a echarle de menos, y aún más cuando desgastaba su tozudez en no espiarme. Pero era cuestión de recolectar más horas, y aun cuando mis pocos días de existencia seguían siendo escasos, asimilé que su necesidad le volvería a acercar y no por hambre, al hueco, donde advertía su latente ojeriza de indignación pese a su silueta disimulada con la nube de tela tras la que a veces se escondía.

Hastiado y limitado en su reservado recinto no pudo evitar que me hiciera todo lo grande que él, en detrimento a su deseo, se iba sintiendo cada vez más pequeño, ajustado e inapreciable como una punta de alfiler, allí, abajo, sobre la superficie donde los otros y él acostumbraban a arrastrar sus inquietudes mientras movían sus pies.

Y había horas que trepaba incluso sobre su orgullo y consumía toda la apariencia necesaria, y se estiraba por encima de sí mismo, pensando en... yo qué sé. Lo más gracioso es que poseía una extraña forma de vida que le seguía a todas partes a la que llamaba sombra, donde parecía recostar su voz y desagravio, además de estar ligada a sus pies; ésta aparecía y dejaba de hacerlo entre ostensibles contoneos y siempre de una manera tan diestra y fugaz que contrastaba con el impertérrito gesto de piedra que gastaba su semblante.

Cuando él asomaba la cabeza por el rincón del hueco una vez más apoltronado en su muralla de silencio, yo le estudiaba: chillón de alma y muda boca, crispado e impotente. Y, como si fuera un vicio perpetuo, despeñaba su resignación hacia el vertedero de su alma y terminaba por inclinar su cara detrás del plano e invisible cuerpo al que supe de otros labios que él y los que eran como él le llamaban, cristal: materia que celaba el hueco. Luego alcancé el entendimiento necesario para descubrir toda la estructura que conformaba mi organismo: barro cocido entre decenas de huecos, ataviado y compuesto por múltiples cuerpos de cristal.

Yo, una vez alzado, cerrado por completo y enclavado de por vida hasta el deterioro más ruinoso llamado muerte -que me llegará bajo otra potestad incierta de energía inapreciable expuesta a la voluntad de la intemperie-, supe quien era yo, y cual era mi verdadero nombre. Y aunque él, y muchos otros como él, nunca lo supieron, se hicieron el grato favor de distinguirme con un nombre vulgar y sin mostrar diferencia de los de mi especie. Edificio, decían al hablar de mí y de los míos, otros simplemente me llamaban, piso, casa, y, una buena parte, se acomodaban indicando que era un atractivo bloque. Allá ellos, frágiles estructuras transitorias.

Pero no importa, fui recolectando tantos días como herrumbre, tantos pensamientos como instantes, hasta que llegó el último para ellos, el instante que les privó del aliento de vida, el que enfrió el calor que los mantenía activos en su precioso presente.

Ahora, lejos de toda vida como la conocieron ellos y antes del amanecer, lloro: el relente constituirá mis lágrimas a la primera luz, y lo haré en memoria de aquellos que me dieron forma, y día tras día mi sombra surcará el plano alargándose hasta las puertas del horizonte.

Y aunque fue un chillón de alma y muda boca, figura crispada e impotente, le echo de menos, también a él, y a su caprichosa sombra que acostumbró a hurgar las entrañas del paciente cuerpo de uno de mis parientes.

Me llamo, Dertm. Y desde que ellos se fueron continúo aquí, erguido junto a los míos, tan callado como los que enterraron, cumpliendo la condena que me impusieron pues fue su voluntad. Pese a todo, no les guardo rencor.

Ojalá venga pronto el derrumbe a visitarme.

Mián Ros (quedan reservados todos los derechos sin el consentimiento del autor)

martes, 7 de septiembre de 2010

Cosas de la vida 2

Bueno, situado en una posición conformista y dado que tampoco quisiera hacer una batalla que no podría ganar, porque el chorreo de hormigoneras, chirriantes golpes de martillo y radiales, y rumores de ruidos y voces que no cesan un solo instante por mucho que mi cabreo se avive de vez en cuando, me veo en la necedad ─perdón, necesidad─ de aislarme dentro de mi habitación y ésta a su vez dentro de mí y, recogido en algún lugar profundo de mi interior donde apenas me reconozco, me atrevo a revelaros que la semana ha sido más que productiva en cuanto a la escritura se refiere.

Después de leer unos cuantos capítulos de la novela que estoy armando; rescribir alguna frase, corregir alguna errata que saltó al encuentro de mis ojos ─como lo haría una liebre incómoda en su lecho al paso del cazador─ y eliminar alguna palabra fuera de estilo, he puesto mi voluntad en manos de las corrientes marinas que espero me lleven hasta la isla Fin, donde las cristalinas aguas de la paciencia habrán de doctorarme de una manera discreta y feliz con la medalla de ahuyentadorderuidos, o sordo por defecto o por obligación, a escoger por el lector; el resultado será tremendamente proporcional al sentimiento que obtendré.

En todo caso, no podéis imaginar lo complicado que ha sido asomar y dar la cara, después de un mes sin hacerlo, ante mis queridos personajes. Esto me lleva a pensar que la próxima vez que me ocurra algo similar me lo pensaré para no dejarlos abandonados a su suerte durante tanto tiempo, y no perder todo contacto con lo necesitados que estaban; sorry a cada uno de ellos pues sé que no os vale la excusa expuesta de encontrarme en un periodo vacacional. Pero tranquilos, amigos ─y esto va dirigido a mis personajes, para que veáis que delante de este público lector tomo mi responsabilidad como os dije en privado─, ya está el navío con las velas izadas y estáis siendo arrastrados por los mejores vientos del norte. Más no puedo ofreceros, sólo seguir soplando y llevaros a la ansiada isla que os prometí. Esta vez no habrá demora alguna, ni hormigonera (X) (palabro omitido) que nos separe.

Y eso es todo ─ahora me dirijo a vosotros, lectores del blog─. Os dejo, no quiero faltar a mi palabra. Pero antes de concluir estas letras, desearos una provechosa escritura y una feliz semana para todos.

Escuchad a vuestros personajes, sed cómplices, sin ellos no somos nada. Bueno, tanto como nada... yo soy un quejoso llorón al que no le gustan los ruidos... “pero eso, es otra historia.” como escribió, Michael Ende.
Mián Ros