martes, 31 de agosto de 2010

Cosas de la vida

Ahora que tengo algo de cobertura y las ganas acumuladas para sentarme a escribir (esta semana tiene que ser por la mañana debido al trabajo rotativo de un servidor), despierto con los golpes de martillo, los gritos de los obreros y el pesado traquetear de las hormigoneras, y, todo en uno, es un rugir de gigantes que hace que estalle de desesperación mi pequeña cabeza. ¡Por Dios! Y es que, tras unos años parada la obra de al lado de mi casa, han reanudado los trabajos para terminar el bloque de viviendas nuevas que en su día y debido a la crisis (supongo) se quedó parado, y lo peor de todo y que más temo, es que esto les llevará al menos un año y medio que es lo que tardan en construir un edificio de pisos. ¡¡Dios mío, un año y medio!! ¿Alguien puede concentrarse, y mucho menos escribir, con este escándalo? Ahora sí que añoro la tranquilidad del campo, la soledad que transmite la ribera de un río y la generosa amistad sombría y silenciosa que te brinda el amigo árbol allá en el bosque.
Ahhh... y por si fuera poco, ha empezado a quejarse el martillo eléctrico que trata de enmendar el boquete que se produjo en la calzada de la calle contigua a la mía... ¡Maldita ciudad ruidosa! ¿Acaso están compitiendo a ver quién chilla más? ¡Ahhh!... será mi alma la que se lleve el gato al agua como la deje gritar.

Haré un poder. Alejaré el ruido en la medida de lo posible de mis oídos, cerraré todas las ventanas, pese al sofocante calor, y me sentaré a leer los dos últimos capítulos de La caja de pinceles para poder retomar la historia en el momento que la dejé, y así seguir escribiendo las vicisitudes que puedan acontecer de la novela.

Ay, pobre Maco, veo que también me lanza cargas destempladas al ver que he pasado por allí; parece que me reclama, y es que llevo tanto tiempo sin prestar atención a la embajadora de mi futuro manuscrito que no me extraña que se ponga así conmigo.

En fin, que no sé si podré aislarme de esta cadencia gritona y siquiera sacar a la pobre Maco y a su familia de la dificultad donde se hallan encerrados. Ya os contaré.

¿Vosotros habéis sufrido momentos similares, cuanto más ganas teníais de escribir, más se obstinaba el destino levantando trabas para que esto no ocurriese?

¡¡Ufff!! Acaba de llegar otra hormigonera... gira y gira en complaciente gesto oxidado de rebeldía, mientras yo la miro desde mi ventana y me trago mi propia irritación...

miércoles, 25 de agosto de 2010

NO HAY ESCAPE POSIBLE, HAY QUE VOLVER.

Después de unas semanas recorriendo y admirando el paisaje de ciudades y pueblos del sur de la península, y por consiguiente, separado de la vida cotidiana y sus indivisibles obligaciones y demás compromisos que nos vinculan en cierto modo a la ciudad de residencia, retomo el pulso a las horas del día y despierto el interés y el compromiso adquirido tras el paso y el peso de los años, y de este modo dejo atrás (desde ya y con añoranza) el descanso y el interesante placer de vivir sin ése redundante reojo infestado al reloj que golpea la capital, ni nada que se precie por el estilo, y, en definitiva, lo que podía denominarse: “la buena vida de asueto, cual viejo monje orador y silencioso en la barroca abadía del recogimiento”. Ay, y es que se acabó lo mejorcito y esperado del año, amén. Hay que volver al surco establecido de la rueca de la responsabilidad y la mansedumbre de este manejable molino; a fin de cuentas no somos más que borricos que volvemos al redil después de un preciado día de trajinar y comer, cuando nos sueltan, por los verdes prados de la montaña y bajo un espacio de considerable libertad cuajado de sol.

En cualquier caso, tengo que reconocer una penosa distracción mía (y me doy un fuerte capón por ello), aunque más que distracción debería llamarle, comodidad y vaguearía en caldo de abundancia, pues, pese al mudo propósito que me hice a mí mismo de avanzar en las dos novelas que tengo entre manos, no he escrito nada de nada; eso si que podría denominarse desconectar del todo, vaya que sí. Y es que no me he acordado del trabajo ni siquiera del placer (llámese hobby) que te acopla a una secuencia diaria durante todos los días del año como es esta destreza antigua de escribir. En detrimento e intentando salvar los muebles de esta vagoneta sin raíl que conforma un servidor, ha sido cuanto menos un regalo caído del Cielo haber podido desenchufarme en su totalidad. Eso sí, no todo ha sido acorchamiento y relajantes prácticas vacacionales, ya que he disfrutado leyendo todo lo que he podido (El ladrón de las sombras, de Alexey Pehov, y Grimpow, de Rafael de Ábalos, muy recomendable cualquiera de sus lecturas a todo seguidor del género fantástico e incluso para aquellos que se precien de leer una entretenida aventura con criptogramas templarios y demás jeroglíficos repletos de misterio).

Está bien, comprendo que dos novelas no han sido tampoco mucha lectura estas vacaciones, pero es el balance que el tiempo de las excursiones y el cansancio obtenido en las mismas me han permitido realizar; y es que estos ojitos son humanos, y cuando digo humanos hablo con inclinación grave y con la mayor sensatez que he llegado a reunir, pues son perseguidos por ese bichillo al que la inmensa mayoría llama, sueño (entre los que me incluyo), y en tal caso, qué puedo decir, si no dejarme atrapar por las manos mágicas e invisibles de la oscuridad que se lleva esta agrupación de sentidos que he llegado a alcanzar, arrastrándolas más lejos de mí todavía. Y entonces, amén al latido de la vida y a la percepción de todo vértice, e igualmente adiós a los palpables colores hasta pasadas unas horas de levedad intemporal, donde vuelvo a invadir este cuerpo para levantarlo y devolverlo a la vida como si se tratara de un arte sorprendente y druídico, un tanto recuperado del esfuerzo realizado con anterioridad, a veces ni eso.

En fin. ¡Ah!, no quiero dejar en el olvido, e incluso antes de levantar la cancela de apertura una vez más de este humilde blog, sin hacer unas menciones especiales.

Primero: sobre la reseña que Blanca Miosi realizó en su Blog, justo unos días antes de irme de vacaciones, de una de mis novelas, Ángeles de Cartón. Desde luego no podía dejar pasar la oportunidad de agradecer su gesto en esta primera entrada. Gracias, querida Blanca.

Uno: por el tiempo que dedicó a la lectura de la misma.
Dos: por ofrecer una reseña en su espacio de internet sabiendo el valor que representan sus palabras para mí.

Para el que no conozca a Blanca Miosi, es una escritora nacida en Lima (Perú), pero su residencia está en Caracas (Venezuela). Es autora de las novelas: La búsqueda (Roca editorial), El legado (Viceversa editorial).
Blanca, dicho por ella misma, se considera una mujer normal. Compagina su trabajo (modista profesional de alta costura y diseño) con las tareas de escritora, y colabora en la revista de literatura (Prosofagia), además de actualizar su blog personal de indiscutible calidad que, sin ninguna duda, os invito a que visitéis.
Aquí dejo el enlace para los que quieran pasar a leer la reseña que Blanca Miosi realizó de mi novela, Ángeles de cartón. Reseña por Blanca Miosi

Y por otra parte, agradecer, de igual modo, a mi querida hermanita, Printova, que en su blog, y antes de irme de vacaciones (coincidencias de la vida), tuvo a bien y con la amabilidad y dulzura de la que siempre hace gala, de brindarme una bella entrada y una muy entrañable y linda poesía. Gracias.

Qué puedo deciros de mi hermana, Printova sin que las emociones no me sacudan y me quede sin palabras. Y es que ella es una mujer muy sensible dentro de su aspecto temperamental, que disfruta de exteriorizar en su escritura la devoción que manifiesta por el verso, y refleja como nadie las sensaciones que sufre su estado de ánimo. Pero a la vez es vivaz, soberbia, dulce y silenciosa dependiendo del momento y la complejidad que quiera ofrecerle el día. Y eso, sin duda, es el destello del espejo de sus poemas: severos y desgarradores a la vez que tiernos y melodiosos como agua en primavera o vendaval de invierno si fuera necesario.
Este es el enlace para todo aquel que quiera pasar por su más que recomendable blog, donde podéis leer la entrada y la poesía que me dedicó. Gracias, querida hermana y compañera de letras. Printova

Y de momento nada más. Daros la bienvenida a todos los que ya estáis por aquí. Y a los que aún estáis de pausa estival, disfrutad, y felices vacaciones.

Ahora sí. Dejado atrás el límite vacacional, ¡sigamos escribiendo! Gracias a todos por estar ahí, gracias.


“No hay mejor desayuno que poder despertar y volver a degustarse de la vida.” (Mián Ros)