jueves, 27 de mayo de 2010

UN AÑO DE BLOG

27/05/2010 Un año de blog.

Parece que fue ayer, pero ya ha transcurrido un año de la inauguración de este cuartito de ilusiones. Con más incertidumbre que otra cosa abría este lugar con la única intención de dar a conocer mi obra. Poco a poco he ido comprendiendo que este rincón ha sido algo más que un ensayo, mucho más que escritos e ideas que iban y venían y que de alguna manera me apetecía manifestar para que todos estuvieran al corriente de mis éxitos, de mis fracasos, y poder estar cerca en los momentos de máxima expectación dando sentido y argumento a mi forma de entender todo cuanto gira en torno a la literatura. Y aun más que eso, han sido muchos los que han pasado por aquí para reforzar con todo su aliento y apoyo la humilde pilastra desde la que parto en este reservado y complicado mundo que puede ser el de escritor. Es cierto que sigo estando abajo, que no ha habido siquiera un voluntario a apostar por mí. Esto no ha hecho más que afianzar mi cuidado, ahondar desde la cara más humilde en el aprendizaje y mantenerme en la misma inclinación: sin prisas, pero con la perseverancia y ganas que la primera vez. Y me satisface saber que esta vez no estoy solo, pues tengo un sabio aliado, vosotros.

De este modo, quiero dar las gracias a todos. A todos los que pasaron y por las circunstancias nunca volvieron. A los que me visitan, y de vez en cuando van y vienen llevados también por las circunstancias, pero dejan su rico aporte al pasar. Y a los que siempre están ahí, seguidores que se sientan junto a mí y me dejan sus diferentes sensaciones, y que hacen que este lugar siga estando vivo hasta que ellos mismos quieran.

No voy a dar nombres, tengo mala cabeza y no quiero que falte nadie y se sienta menos que el resto. Repito, todos, en mayor o menor medida, forman parte de mi memoria y de este lugar que también es vuestro. Un millón de Gracias.

Por último, quiero dejaros una exclusiva en este aniversario tan especial. Es un fragmento del primer capítulo de la obra que estoy escribiendo “La Caja de Pinceles”. Aún el título no es definitivo pero es el que empleo para nombrar el archivo. Desde luego, y aunque no está acabada la novela (quiero ponerme las pilas para que esté lista en un mes), le falta echarle una inquisitiva ojeada y volverla a rescribir ¿ya sabéis?, eso después del debido reposo como se acostumbra.

Y nada más, solo espero que sea de vuestro agrado. Feliz fin de semana, amigos.
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LA CAJA DE PINCELES (FRAGMENTO DEL PRIMER CAPÍTULO)

Maximiliano Sforza gobernaba Milán cuando yo tenía quince años, allá por el 1506. Aunque el año quizá fuera lo de menos.
Aún recuerdo el olor a almizcle entrando por el abierto ventanal de mi aposento. No sé si es el ladrillo de las casas, el comportamiento de los lombardos, o el frescor del agua del riachuelo el que me trae la evocación de aquel día; pero aquí está, siempre junto a mí. Al igual que la figura de Madre, llegando a casa con Laviana, nuestra joven doncella, justo en el instante que restaña el bronce de la Vieja Iglesia como anunciando su llegada.
Y creo verlas: mi querida Madre levanta con su empolvada mano la basquiña azul rey que tanto le gusta lucir en público, obligado deseo que repite cada vez que llega a la entrada de la Casa, para no tropezar ante los cinco escalones principales que la acercan al pórtico; y Laviana, arrebujada en una capa marrón de paño con la que Madre la obsequió el día de su cumpleaños, premiando así la rígida rectitud de su servicio y obediencia a nuestra familia, la Casa de los Melzi.
Y, siempre a la par, rememoro el momento en que yo, dejo la ventana que me une al rumor, al movimiento y a la luz del otro lado de los muros y bajo a recibirlas.
Seguramente mis pisadas sobre el ladrillo barnizado del suelo de la escalinata, esquivando la alfombra carmesí central que realza la subida, pueden oírse antes de que yo descienda a la primera planta del edificio y llegue a las dependencias de verano, donde mi curiosidad se frena discretamente al ver a Laviana ayudando con su natural delicadeza a Madre, desprendiendo de sus hombros la capa azul bordada en negro, muy cerca del gran espejo y el reloj dorado del aposento principal.
Madre es la primera sorprendida al observarme en el umbral de la entrada.
─¿¡Francesco!?
¿Acaso mis pisadas no han sido lo bastante indiscretas para esquivar una innecesaria reverencia? Al momento puedo corroborar que no.
No obstante, el anhelo que brilla en mis ojos anula cualquier tipo de presentación. Entro con aceleración y solicito su mano para besarla.
─He estado muy afligido por vos, Madre ─expreso, sintiendo en mis labios la tersura que perdura en la piel que me vio nacer.
─¿Por qué, Francesco?
El tono, aunque preocupado de Madre, es respetuoso.
No contesto. Me giro un momento a observar a Laviana, antes de volver de nuevo mi atención hacia Madre. La asistenta me percibe, con los ojos que adoptan su humilde posición; es tan despabilada como generosamente comedida, pues lleva años sirviendo a esta noble casa y sabe redactar el trasfondo de las miradas y convenir de antemano qué hacer en estos casos.
De ese modo, acopla en buena forma la capa afelpada de Madre sobre su antebrazo al tiempo que hace un gesto diestro para dejarnos solos.
─Gracias Laviana, puedes retirarte ─Sólo ante la solicitud de Madre, la doncella da media vuelta y sale de la cámara.
Cuando pierdo su predispuesta figura tras la forjada ornamentación de la puerta, me animo y la alegría de mis ojos vuelve a hervir.
─La bruma anegaría mi espíritu si os pasara algo, Madre.
─¿Por qué ese pesar, Francesco? ¿Acaso habría de pasarme algo malo?
─Es un peligro que una mujer de vuestra clase ande sola por las calles de Milán rayando la penumbra de la noche.
─Tus palabras quedan grandes en una voz tan inmadura y jovial como la tuya, hijo mío. ¿Acaso las sombras han invadido siquiera por completo la ciudad, Francesco?
Niego. Madre lleva razón, sé de su talento y habilidad para esquivar la guardia que Padre ─Gerolamo Melzi, capitán de las milicias milanesas─ establece para la familia, además de reforzar y constituir su relajo personal. No obstante y, no menos cierto, que hoy el atardecer tiene un dorar especial y perdura largo y calmoso, y el trinar de los petirrojos es sutil como el tono que me ha llegado de su voz, aunque la noche se precipita y asoma demasiado cercana.
Sin embargo, mis pómulos se hinchan por encima de mi sonrisa cuando contemplo el carácter fingido de Madre, pues me gusta cuando adopta un papel que no se aviene a su estricta dulzura habitual, siempre encajada en su aristócrata nobleza bajo sus bucles diamantinos que no la hacen sino más bella a la tardía luz que entra por el ventanal del salón.
─Seguramente estés influenciado por los tozudos discursos de tu padre ¿No es cierto?
No sé si contestar, pero algo prende mi interior que cosquillea mi deseo, y la voz brota por mi garganta casi involuntaria.
─Seguramente ─afirmo─. La voz de Padre a veces remueve parte de mi curiosidad. Aunque cierto es, y vos sabe mejor que nadie, que no comparto el presente y futuro venidero que tiene preparado para mí.
Madre hace un ceñudo aspaviento de cejas disimulando ver una arruga en el volante de encaje de su pecho. Está fingiendo, sé que mis palabras no han sido las más acertadas. Como sé que sabe, que yo sería incapaz de fingir, obstinado en mis propósitos. Por ese motivo, una parte de mi bienestar se vacía. Esperaba que Madre apoyase mi postura y lanzara una réplica por mínima que fuera en mi apoyo. Sin embargo, sus ojos me han revelado por un instante una sensación íntima que no sé cómo evaluar. Luego su mirada desciende hasta posarse en la cotilla de su falda mientras rebusca alguna cosa en la escondida faltriquera de lino blanco.
Prontamente me tiende un brazo haciéndome partícipe de lo que ha encontrado en su pequeña fonda personal: es un papel enrollado, no es más grande que una cuarta, y me lo entrega. Cuando contempla la perplejidad que me invade al recibirlo, refuerza una mueca repleta de ilusión.
─¿Qué es esto? ─pregunto.
─Ábrelo.
Lo desenrollo, y cuál es mi sorpresa cuando mi atención cae sobre el papel desplegado.
Es el esbozo hecho a carboncillo de una bella mujer de pelo trenzado.
─Lo di por perdido ─manifiesto─. Lo busqué durante días. Pero...
─He ido a enseñárselo al Maestro, al igual que hice otros días con alguno más de tus dibujos ─susurra Madre, dejando que las palabras formen una compenetrada melodía, antes que mi extrañeza vaya a más y la reprenda por haber hurgado entre mis cosas más personales.
─¿Ha ido a la casa del Maestro a mostrarle mis dibujos, y repetidas veces? ─Mi asombro es más que notable.
Madre sonríe con alevosía.
─Dice que tienes condición.
Ha hecho una pausa para que pueda asimilar la grandeza que eso significa para mí.
“El Maestro ha visto mis dibujos y arriesga a exponer que quizá el sueño que me acerca al arte y al dibujo no sea acaso un mero delirio de mi deseo”.
Vuelvo al esbozo, a los bellos ojos rallados por el negro carboncillo en condición de Madonna que Laviana me prestó desinteresadamente, cosiendo junto a la ventana de mi aposento; cuando de repente, unos pasos y una voz me abordan y se llevan mi concentración.
Una figura avanza por el ala sur de la dependencia.
─Déjame ver ─denuncia la voz del recién llegado; es grave y decidida, y la conozco sobradamente.
─Padre ─musito, sobrecogido por la presteza con la que ha llegado junto a mí, ha cogido el papel, lo ha estirado frente a sus ojos, y lo observa con ceñida complejidad.
No tarda en llegar su resultado.
─Cuántas veces tengo que decirte que tengo grandes planes para ti, hijo mío ─me recuerda.
Madre descubre algo más en las palabras de Padre y, dando un paso adelante, interviene.
─Su trazo es preciso ─declara─. Quizá debiéramos concederle esa pasión que empieza a despertar en él ─su explicación parece la voz del Maestro puesta en su boca.
─Entiendo mujer, y es aceptable esta habilidad suya. No se puede negar, indudablemente. Pero no quiero que mi hijo sea uno más de esos retratistas que pierden el tiempo contemplando y dando pincelazos caprichosamente sólo porque unos cuantos nobles y religiosos quieran recrearse los ojos. La vida es algo más.
Después de la disonante explicación, Padre enrolla el esbozo delante de mi perpleja ojeriza y me lo tiende para que lo reciba.
─Ya sabes mi respuesta, Francesco ─la dureza que ofrecen sus pupilas no admiten respuesta.
Madre hace un último intento por defender mi más preciado anhelo que es el arte y la pintura, y la devoción que ve en mí por el Maestro desde que supe de él.
─El Maestro estaría dispuesto ha acogerlo en su Casa ─objeta.
─¿Has ido a ver a uno de esos maestros que circundan Lombardia? Son títeres en busca de un poco de cobijo y unos cuantos sueldos. Sabes que no me gusta que actúes sin mi consentimiento.
─Éste, no es un simple maestro ─vuelve a replicar Madre.
Mi mirada va y viene de uno a otro. Siento la necesidad de retirarme a mi aposento pero no puedo, mi curiosidad es más fuerte que mi deseo, y creo que mis pies no estarían de acuerdo en llevarme ahora donde no quiero ir, por el momento.
La insistente seguridad de Madre me da un hálito de esperanza; ella cree en mis posibilidades.
─Ha venido de Florencia ─expone sin tiempo a que intervenga Padre─, sería una oportunidad que le lleváramos junto a él, aunque sólo fuera unos días, a ver que pasa...
─De Florencia, de Roma, de Venecia, que más da de donde haya venido ese maestro, mi respuesta es no.
─Si Francesco no valiese, él nos lo diría pronto, ya ha visto los dibujos de tu hijo...
─He dicho que NO ─corta Padre enfrentado sus ojos a los de Madre─, no se hablará más de este asunto. ─Se gira sobre sus talones con el arrojo que le caracteriza; sabe que esa postura reforzará aún más su obstinada negativa.
Me ahogo, no tengo por más que salir en mi propia defensa.
─Ese maestro es Leonardo Da Vinci, Padre ─expreso intentando que mi entusiasmo se desborde por mi rostro, pero soy incapaz; la ojeriza de Padre me retrae─. Al menos déjeme que vaya a conocerlo ─sugiero.
Padre es muy erudito y quiero pensar que conoce al hombre del que le estoy hablando. Sabe de su existencia, su prestancia, su virtud... no es un cualquiera, pero parece aguerrido a un ideal que no llego a comprender, no quiere salir de la muralla defensiva que se ha creado para esta ocasión.
─¡Francesco! ─Me reprende, y me hace callar.
No estoy dispuesto a obedecer. Despliego el papel, suplico que la bella mujer de cabellos trenzados que un día dibujé, le amedrente y me eche la ayuda necesaria.
No sé realmente qué estará pasando por la cabeza de Padre en este momento, pero yo no quiero ser abogado, ni médico, ni siquiera capitán como él, ni qué sé yo...
─Déjeme, por favor ─le vuelvo a suplicar─. Leonardo piensa que tengo condición. ─Muevo el papel; él no hace ni por mirarlo. Se centra un segundo en mí, pero más en las casas del otro lado de la amplia ventana del salón mientras su semblante adquiere un aspecto de enfado terrible. Nunca me había enfrentado a él de esta manera y temo el resultado.
Inesperadamente, se vuelve y me da un empentón en la mano, arrebatándome el esbozo de la mujer; lo retuerce, lo rompe y sin dudar en su arrogante aptitud, lo arroja al suelo, y antes de dar media vuelta sobre sus talones y abandonar la cámara de verano, grita:
─No, Francesco, no irás a ninguna parte.

Aún recuerdo tristemente ese vacío interior, esa debilidad en las rodillas, esa sensación de ahogo... y esa casaca de color marino de Padre, dándome la espalda desterrando mi más preciada ilusión. Pero lo que más temo en los días, es el eco. El eco de aquella puerta retumbando dentro de mi cabeza, cuando Padre la cerró.
Mián Ros (quedan reservados todos los derechos sin permiso del autor)
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22 comentarios:

La Bruja dijo...

¡¡¡Felicidades por ese año!!! Y gracias por el relato de regalo. Tener un blog ayuda a compartir tus inquietudes con gente que siente como tú y ayuda a que cada pequeña cosa parezca inmensa. Gracias por compartir tus inquietudes y logros con nosotros y por disfrutar de los nuestros también. Un abrazo fuerte.

Carolina dijo...

Precioso relato, bellísimo, gracias por compartirlo con nosotros.
Enhorabuena por este primer año; que vengan muchos más, que seguiremos compartiendo nuestras cosas.
Besos grandes.

PRINTOVA dijo...

¡Felicidades Mian por ese añito! Vaya regalazo que nos has dado, con ese adelanto de "La caja de pinceles", me ha fascinado el capítulo primero, bueno ya de entrada Gerolamo se ha ganado mi antipatía, pobre Francesco, pudiendo aprender junto al gran maestro Leonardo y el muy "estirao" del padre le dice que NO. Uff! Para cogerlo del cuello, vamos.
Vaya ganas que tengo de leer el resto, ahora si que nos dejas con la miel en los labios.
Un beso grande.

Maribel dijo...

Felicidades para tu blog, y que cumpla muchos más.
Ese inicio de novela es muy atractivo. A mí siempre me alucinan los escritores que se desenvuelven con tanta naturalidad en cualquier pasaje de la historia. Vamos, que se meten en el siglo XVI como si fuera ayer. Te felicito.
Un abrazo.

Tessa dijo...

Hola Mian:
Felicidades por este primer año, seguro que seguiran muchos mas.
Interesante el primer capitulo
de ¨La caja de los pinceles¨.
Gracias por compatir tus inquietudes con todos tus amigos.

Besos amigo
Tessa

Lola Mariné dijo...

HOla Mián,
ya estoy de vuelta. Y lo primero es felicitarte por este primer año de blog.
Como pasa el tiempo ¿verdad?
Gracias por ese regalo que nos haces y animo con la novela.
Saludos.

Daniel DC dijo...

¿Un año? El tiempo pasa sin percibir su presencia inmediata. Te felicito mi estimado amigo; este Blog lo considero como uno de mis favoritos debido al calor de amistad que irradia y el grado evolutivo espiritual que posees.

Para mí es un honor ser tu amigo y te deseo todo lo mejor de la vida.

Los matices que presentas del primer capítulo, son interesantes; la historia que atrapa. Me comunicaré en privado contigo para orientarte con algunos aspectos en función LP.

Un cordial abrazo,

Daniel DC

Sergio G.Ros dijo...

¡Felicidades, MiánRos! , ¡un año! Je,je.. cumpleaños feliz,..cumpleaños feliz... Me alegro por haberte conocido en el mundo bloguero, y te deseo toda la suerte del mundo.
Me sumo a las enhorabuenas por el inicio de tu libro, y, como Maribel, alucino con la facilidad con la que te desenvuelves en épocas históricas.
Un fuerte abrazo.

MiánRos dijo...

Gracias, María,
El placer es mutuo. Es un gusto encontrar personas como tú, comprometidas de lleno en el mundillo de la literatura; indispensable en este viaje.

Un abrazo, y de nuevo gracias por estar ahí. Seguimos leyéndonos.
Mián Ros

MiánRos dijo...

Gracias, Carolina,
Recibo tu ánimo. Y eso, sigamos compartiendo relatos en el camino de continuar creciendo como contadores de historias, que es el resultado final que todos deseamos.
Encantado de haberte conocido a ti y a tu magnífica narrativa. Prosigamos.

Un abrazo,
Mián Ros

MiánRos dijo...

Muchas gracias, Printova,
Si te ha gustado este primer fragmento, prepárate para todo lo que viene, je je.
Un besazo grande, y de nuevo gracias por seguir junto a mí, en esta carrera hacia... los sueños.

Mián Ros

MiánRos dijo...

Se agradece, Maribel,

No creas que no me cuesta, pero el resultado lo dicta el lector. Yo solo trato de hacerlo lo mejor que puedo, siempre deseando escuchar apreciaciones y consejos del otro lado, como la tuya, gracias.
Es un placer compartir inquietudes literarias contigo, gracias una vez más. ¡Sigamos escribiendo!

Un abrazo,
Mián Ros

MiánRos dijo...

Mil gracias, Tessa,

Estoy encantado que te haya gustado el fragmento de mi nueva novela, con esa intención se hace. Esto me da fuerzas para llevarla hasta el final con mayor ímpetu, gracias otra vez.

Un gran placer haberte conocido en el mundillo bloguero, amiga, compañera de letras. Continuemos la tarea de escribir... a ver qué sale al final.

Besos,
Mián Ros

MiánRos dijo...

Hola, Lola,

Un placer que estés de vuelta y mayor placer haberte conocido.
Que este año sea tu gran vuelo con esa gran novela que estás a punto de publicar.

Gracias por tus ánimos. Besos,
Mián Ros

MiánRos dijo...

Gracias, Daniel.
Me siento halagado con tus palabras. Es un placer haber conocido a alguien como tú en este año tan magnífico.
Siempre estaré deseoso de escuchar tus consejos, desde el prisma de un gran profesional.
Un abrazo, y gracias por estar ahí. Sigamos escribiendo, sigamos aprendiendo.

Mián Ros

MiánRos dijo...

Gracias, Sergio.
No sabes cuánto te aprecio. Ha sido un año en el que tu blog era, es y será, visita obligada, por cuanto nos inspiras y enseñas, dentro de todos esos pensamientos que te hacen tan humano y cercano; mil gracias de nuevo.
Un enorme abrazo,
Mián Ros

B. Miosi dijo...

Querido Mián:

Llego un poquito tarde, últimamente estoy llegando tarde a muchos sitios, pero no podía faltar a tu celebración. Un año que se ha pasado tan rápido que no nos damos cuenta, ¿verdad? y ya vamos en este por casi la mitad, ¡válgame Dios!

Quiero leer ese primer capítulo con calma, así que lo copio y te digo después mi impresión, aunque no dudo que sea magnífica recibe un fuerte abrazo, amigo!

Blanca

Armando Rodera dijo...

Felicidades, MiánRos!! La verdad es que el tiempo pasa volando y no nos damos ni cuenta. Un año ya...

En cuanto al fragmento de tu novela me ha gustado mucho y me ha dejado con ganas de más. Yo también alucino con la capacidad de transmitir esas escenas tan alejadas en el tiempo. A mí me gustaría también escribir algún día algo histórico, pero le tengo muchísimo respeto...

Así que enhorabuena por el aniversario y por la buena pinta de tu novela. Ya nos irás contando novedades.

Un abrazo.

MiánRos dijo...

Gracias, Blanca,
Nunca pienses que llegas tarde. Aquí no hay tiempo, ni esperas. Puedes pasar, dejar tu opinión y salir y volver cuantas veces quieras y en el momento que desees, amiga.
Este blog ha cumplido un añito y ha sido gracias a compañeros, amigos y seguidores tan magníficos como tú.
Espero que el fragmento del primer capítulo de La Caja de Pinceles sea de tu agrado.

Besos,
Mián Ros

MiánRos dijo...

Gracias, Armando,

Es cierto, parece que fue ayer cuando me interesaba por esta herramienta que nos brinda internet. Rebuscar, dentro de mi inexperiencia, de cómo abrir y subir todo el cúmulo de pensamientos que deseaba transmitir. Y ya ves, un año ya.

Seguramente cuando menos te lo esperes te verás escribiendo sobre épocas pasadas. Yo nunca me lo había planteado, la verdad, y aunque no es fácil, te puedo decir que cuando me quise dar cuenta había traspasado la línea del tiempo. Verás que con información y tu capacidad de imaginar no es difícil.

Un abrazo, querido amigo.
Mián Ros

B. Miosi dijo...

Ya lo leí, Mián, y la verdad estoy gratamente impresionada por una historia que parece tener mucho empuje. Has escogido ni más ni menos la historia de Francisco Melzi, uno de los discípulos más queridos de Leonardo. Me ha gustado la ambientación, el lenguaje y sobre todo el espíritu de este chico de quince años, que relata su vida desde algún punto en su futuro.
Me gustaría comunicarme contigo, escríbeme blancamiosi@gmail.com

Besos!
Blanca

MiánRos dijo...

Muchísimas gracias, Blanca,
Un placer que hayas leído el fragmento.

Paso enseguida a escribirte.

Besos,
Mián Ros