jueves, 18 de junio de 2009

NICKELBACK. Espulgando ─consiéntaseme el palabro─ por la línea que hoy en día casi más nos entretiene -por encima de la televisión- que es internet, he encontrado esta preciosa canción que podría servir de banda sonora para amenizar la lectura de mi blog, por qué no.
Nickelback es una banda de rock alternativo formada por cuatro miembros y nacida en Hanna, Alberta (Canadá).

A modo de reseña, comentar que es de los grupos que más escucho últimamente camino del trabajo o con la familia cuando salimos los fines de semana. A modo de anécdota, os puedo adelantar que las canciones de Nickelback tienen encandilada a Immacolatta, o Maco como la llaman los más allegados a ella. ¿Os preguntaréis quién es Maco? Pues ella es la “reina” en mi tablero de ajedrez que es el nuevo libro en el que estoy trabajando y que, obviamente, no ha visto la luz puesto que está aún horneándose; lo más seguro que se titule: “La caja de pinceles” pero no es definitivo. Ya iré subiendo pequeñas pinceladas, nunca mejor dicho, sobre la trama de la novela que transcurre a caballo entre el presente de nuestros días y el siglo XVI, eso sí, en Milán. En ese Milán revuelto en luchas y regado de canales y rezos religiosos junto al Duomo que halló el gran Maestro, Leonardo Da Vinci, a su llegada desde Florencia. Un Legado místico y sorprendente se aproxima.


lunes, 15 de junio de 2009

LA JOVEN DE LA PERLA. Este es el título de la última novela que he leído. Empecé sin mucho convencimiento, casi por casualidad, y sin embargo, la historia que en ella se cuenta me fue arrastrando por su sencillez hasta verme andando por Delft (Holanda), e incluso, sentir el pálpito de estar en el mil seiscientos sesenta y cuatro junto a Griet, la joven sirvienta que entró a trabajar en la casa del pintor holandés Johannes Vermeer, y en la que recae el peso de la trama. Al cabo de los años, Vermeer se ve obligado a pintar a Griet, ataviada con un turbante y un pendiente de perla, los cuales la alejan de parecer una simple sirvienta. En el lienzo, Vermeer desarrolla unas pinceladas perfectas dejando un foco donde mirar, “la perla”, una mirada enigmática y unos labios modelados de tristeza; el conjunto en sí, conmoverá al mundo años después. La obra es conocida también como la “Mona Lisa holandesa”.
La novela, ficticia obviamente, ya que se conoce bien poco sobre el pintor Johannes Vermeer, tiene no obstante un encanto especial, donde se remueve y confunde la admiración con el amor de la sirvienta por su señor.
Es un libro entrañable, os lo recomiendo. Es de la escritora, Tracy Chevalier.
La versión llevada al cine obtuvo dos nominaciones a los globos de oro. El papel de Griet, la joven sirvienta, lo interpreta la actriz, Scarlett Johansson.

martes, 9 de junio de 2009

MUÉSTRANOS EL ESCRITOR QUE HAY EN TI. Últimamente parece que estoy abocado a los concursos que proliferan por la web. En el momento que dejé el anonimato de mi más y, casi secreto hobby, que es escribir, amigos/as me comentan y envían enlaces a mi correo sobre concursos literarios que ven por internet, por si quiero intervenir. Bueno, como no tengo que hacer un esfuerzo mayor y, dado que, me pica el gusanillo como escritor novel, me presento con una ilusión estudiantil lejos de mi maduro caminar entre los cuarenta. Y quién sabe, si quizá algún día pueda decir que he ganado, no sólo celebrar ser finalista, como me ocurrió con la novela “Ángeles de Cartón” hace unos meses en el certamen literario de Bubok.com.
Para ver lista de finalista: "pincha aquí".

Bueno, para los que tengáis ganas de leer, aquí os dejo las tres historias que se me ocurrieron para este concurso de El País.com; los relatos no debían superar los ochocientos caracteres.
Persistiré en presentarlas debidamente, ya que me está dando verdaderos quebraderos de cabeza poder subir los textos a concurso.
¡Por fin lo he conseguido! Gracias a Dios.
Si pincháis el dibujo de arriba: "que hay en ti" accederéis al lugar donde están los relatos a concurso. Aunque a continuación y, abajo, podéis echarle una ojeada también.
Espero que os gusten.
MiánRos

Título: El humilde Lylén.
La sabia Madre reunió a sus hijos. Les otorgó una taleguita antes de verlos partir. Pasaron muchos años, y sólo Lylén volvió, cabizbajo y triste. ─¿Por qué lloras, hijo mío? ─preguntó Madre─. Vengo de enterrar al último de mis hermanos, junto al primer frutal que sembré. ─¿Qué hallaste en tu taleguita? ─Diez semillas─. ¿Sólo? ─Él asintió─. No, hijo mío. Encontraste humildad, paciencia y conocimiento para ver la cosa más pequeña como si fuera grande, cada segundo como si fuera eterno. ¿Sabes que llevaban tus hermanos? ─Lylén no respondió─. Mucho más que tú; y encontraron: valor, fortaleza, dinero... pero nunca comprendieron la Vida como la concebiste tú. Ahora ve, y sigue viviendo, Lylén. ─Él no dijo nada, y se marchó.

Moraleja: No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Disfruta del “presente” que vivimos, pues al levantar los párpados, tu pestañeo “ya” es pasado.
MiánRos

Título: ...
Y Marilyn... Murió. ─¿Ya está? ¡¿Pero ochocientos caracteres dan para algo más?! ¿Por qué me mira así? ¿A qué se debe ese silencio? ¿Acaso esos puntos suspensivos son la traducción y el conjunto de la totalidad de una vida? ¡Ah, vaya! Así que se trata de eso. Un relato minimizado a tres insignificantes puntitos. Usted es de los que piensa que las historias están rellenas de acontecimientos insustanciales, que la vida se reduce a nacer y morir, sin revoltijo ni tintes. Pues le voy a decir una cosa: si la Marilyn que usted menciona es la misma que yo estoy pensando, jamás murió, ni morirá. ¿Cómo? ¿Por qué endurece su gesto? ¿La suya tampoco? ¿De qué diablos estamos hablando entonces? ¿Que me he zampado el hueco de sus ochocientos caracteres? Sabe qué le digo: ...
MiánRos


Título: Utopía de escritor
Nunca lo he hecho. Es un relato corto, creo que terminaré pronto... ¿Por qué siempre trato de ponerme a prueba? Ha sido un día difícil. No quiero decir con esto que los demás sean fáciles. Clavo la vista en la hoja en blanco. No obstante y aun sin girarme, la percibo. Ella llega por mi espalda, roza mis hombros, me besa. ─Cariño, me acuesto, ¿vienes? ─susurra en mi oído. Ha sonado bien. Consumo un segundo, donde no contesto. Sin embargo, espiro en silencio; mi vista se eleva y reincide en la estantería llena de libros: Cervantes, Verne, Follett... ¿Qué puedo aportar que no esté escrito? ¿Acaso tienen cabida mis textos para conmover a alguien? Vuelvo a apreciar su ternura incitándome mi ser─. Acuéstate, vida ─musito sin atreverme a mirarla─. Voy a escribir.
MiánRos