martes, 13 de octubre de 2009

DÉJAME SOÑAR Y CREERME SUEÑO

Estos días he ido de acá para allá, de blog en blog, y es curioso la ansiedad descubierta que persigue a todos los noveles que intentan abrirse un hueco en esto de las letras (entre los que me incluyo dentro de este paréntesis junto a ellos, amigos y compañeros). Parece mentira que seamos tan inquietos, tan temerarios a veces y no tanto otras. Pero es así, y todo cuanto he leído ha sido fascinante; aunados por un sueño, eso es lo más importante: escribir, y poder mostrar al mundo algún día nuestra escritura. Pero debido a esa ansiedad surgen y seguirán surgiendo alrededor de nosotros (como inagotable manantial), una infinidad de preguntas:
¿Cómo hemos llegado a la convicción de escribir una novela? ¿Con qué propósito? ¿Por qué lo hacemos? ¿Estamos preparados para hacer lo que hacemos? ¿Tendríamos la fuerza para dejar de hacerlo? ¿Qué es necesario para que una obra pase la barrera del anonimato y llegue a ser publicada? ¿Es realmente mejor apuesta como primera opción a un manuscrito, un editor o un agente? ¿Hacemos bien en mandar nuestros trabajos a decenas de editoriales o agentes? ¿Caerá en las manos correctas? ¿Sí? ¿No? ¿Debiera apostar como primera opción por algún certamen? ¿Estaremos invirtiendo nuestro tiempo en el género adecuado? ¿Les importamos en realidad los noveles? ¿Serán capaces los expertos de leer, siquiera, cuatro o cinco párrafos de mi obra?

¿Quién tiene las respuestas? Seguramente y llegado el caso, los agentes o editores ni siquiera abrirán el manuscrito en el 99% de las veces. La sensación de estar mandando el trabajo de meses (tu sueño) e incluso años a un destino incierto empieza desde el momento en que sellamos el paquete y vuela hacia el destino escogido; "a ver si hay suerte", y con este sentimiento ambicioso pero expuesto al devenir de las cartas que nos reparte el azahar, nos preparamos para una resolución que tarda en llegar, si lo hace; en otras ocasiones la respuesta se va resolviendo con los días tras la suma de: vacío e indiferencia, y la intuida no-respuesta del otro lado que navega por nuestra alma da el coeficiente final; la intuición que atesorábamos se sale una vez más con la suya. Esto lleva implícito un malestar que se amplifica con el paso de los días, y los gritos dentro de la cabeza resuenan por todas partes sin dejar hueco a la concentración de otros menesteres, ni cabida para el descanso y los silencios siempre necesarios. La indiferencia que hemos recibido es el peor de los tormentos: "Te han ignorado. Tu novela no vale". Sólo entonces la esperanza y la distancia que te separan de publicar se convierten, no en un obstáculo, sino en una pendiente vertical casi imposible de remontar. Y, reciba un cordial saludo, o, pruebe suerte en otras editoriales, se clava en nuestro pecho azuzando nuestra impotencia y despertando una vez más nuestra rabia.

Pero yo quisiera ir más allá y lanzar otras preguntas que se suceden tras esas preguntas, cuando la esperanza de uno se va alejando poco a poco de los sueños de edición y las distancias entre editorial y noveles son casi infinitas. Y son:
¿Estamos realmente preparados para afrontar el rechazo? ¿Seguiremos escribiendo con la misma intensidad y afición después de las negativas? O, tal vez, estos golpes hagan flaquear nuestra moral y nos surjan otras preguntas, que han cohabitado con nosotros pero que no les queremos prestar el debido interés: ¿quizá la novela no sea tan buena? ¿Y si yo no valiera para esto? O por el contrario, el NO recibido, ese que se instala en el subconsciente nos llegue a servir de estímulo para aunar todo el ingenio del que somos capaces, superándonos a nosotros mismos (más si cabe), para salvar el insondable escollo y alcanzar las pretensiones que ambicionábamos desde el principio. Si bien, dicen que la perseverancia suele acarrear triunfos; y de los golpes duros también se aprende; pues aprendamos.

En fin, yo empecé a escribir casi por accidente. Mi primera novela (manifiesto uno de tres) empezó a ser una intención sin mucha convicción (pongamos que deleite personal), al principio el reto era poco pretencioso: que la leyera mi hija (por aquel entonces lectora de libros de Harry Potter). Según me fui implicando con los personajes y el mundo imaginario donde envolví la trama, me creé un hábito de escritura, una ilusión, un hermoso sueño aun con los ojos abiertos; esto hizo que cogiera cariño a los personajes y conviviera junto a ellos (algo maravilloso) hasta llegar al final de la aventura. Así, había alcanzado la primera de las metas, acabar la novela. Pero lo bueno estaba por llegar ya que había sentido la necesidad de seguir, parecía que el subconsciente me empujaba hasta el país mágico que vivía dentro de mí; había tantas almas que salvar, tantos sentimientos escondidos que dar a conocer que supe que ya no podría parar estas manos y pies que habían tomado carrerilla.
Desde entonces no lo he hecho (cuatro años pasan volando), no es mucho, bien es cierto; mi pluma está poco educada, pensareis, pero no siento vergüenza por ello, ya que una vez aprendí que en la vida el curso de aprendizaje no concluye jamás.
Sin embargo y sin deliberar demasiado si estaba preparado, incluso después de acabar un segundo libro (independiente) y continuar con la saga del primero, miré hacia el otro lado, de puertas para afuera; pensé que había llegado el momento de mostrar mi trabajo, animado por las personas que se habían bañado en la misma ilusión que la mía.
Cuando llegó la hora de la verdad, asomarse al mundo de la edición, ¡amigo!, aquí me di de bruces con un laberinto brumoso e intransitable donde los caminos que tenía que atravesar si quería llegar hasta el final de mi sueño, eran estrechos y flanqueados por horribles manos de ganchudas uñas esperando vislumbrar una simple tacha “no sé dónde ni en qué parte del escrito, lo juro”, pero suficiente para empujar tu sueño al despeñadero que conduce al vacío más exasperante. Y qué nos queda después del seco y frío NO, sino resignación y seguir escribiendo.

Si el tiempo pone a todo el mundo en su lugar como dicen, que éste reconsidere la posición que aspiro y me conceda un hueco entre aquellos, amigos e ilustres escritores consagrados y noveles, pues no me siento más que nadie, pero tampoco menos que el resto.

No obstante y pase lo que pase, creo que merece la pena continuar calzando estos zapatos para recorrer el mundo y llegar a tus sueños... aunque los sueños, sueños son, como dijo Calderón de la Barca.


Gracias a todos los que habéis llegado hasta aquí; gracias por leerme; gracias por todo lo que aportáis (aun sin saberlo) a mis sueños; os aprecio de veras.

Que vuestra fe os guíe, a todos.


Cuando abro los ojos siento descorrer la gasa y penetrar en otro sueño; el sueño que soñé cuando mis ojos aún no habían bostezado a la luz. Déjame soñar y creerme sueño. Abrir los ojos y no saber qué es real, sino soñar sin sueño que lo mejor está aún por llegar... mis sueños.
(MiánRos)

14 comentarios:

Knabe Mit Koffer dijo...

Amigo Mián, escribiste para tu hija... y no hay mejor respuesta para todas tus preguntas. Que te dejen en herencia un libro que ha escrito tu propio padre debe de ser el mejor regalo que puedan ofrecerle a nadie. Los años le otorgarán el valor en proporción al amor que invertiste en él, y tú dirás "valiente argumento es dejar la solución en manos del tiempo" y yo te digo: ¿qué más da si los demás no saben apreciarlo?

Kafka, Vincent Van Gogh... murieron sin que se reconociese su magnifica obra ¿es eso triste? Sí, lamentablemente resulta triste que personajes con un genio parecido fuesen desestimados en vida pero... ¿Qué es lo que tú pretendías al escribir tu libro? Yo encontré la manera de solventar una deuda que tenía conmigo mismo: quería invitar a las personas que yo mismo eligiese a que me conocieran en profundidad. Quien lea mi libro me conocerá y yo me sentiré satisfecho.

Tu hija te conocerá, lo demás es un juego de sombras (shadowplay, ya sabes XD).

Nani dijo...

Sigue soñando y compartiéndolo con todos nosotros, los que te seguimos, pues realmente nos haces pasar ratos maravillosos e inolvidables. Si algún día, además, recibes el "premio" y la gratificación de que alguien publique tus obras, será el pago a tu esfuerzo y dedicación, pero no por ello va a significar que sea peor obra porque no haya sido publicada. Sólo es que no ha caído en las manos adecuadas. Mientras tanto, disfruta de ello (me consta que lo haces), y te animo a que lo sigas intentando, pues algún día, quién sabe, tu sueño podría hacerse realidad.

MiánRos dijo...

El legado ya está ahí, es cierto, Koffer. Mi hija algún día releerá la obra (o obras) de su padre y no habrá libros mejores en el mundo que los míos, ni tesoro más preciado con el que poder comparar (los venerables libros de su papá).

Yo empecé a escribir jugando a hacerlo, luego llegué a disfrutar haciéndolo, y ahora siento el compromiso de que puedo y debo seguir haciéndolo, no me preguntes por qué.

Mi gran ilusión (no te voy a engañar) es crear una gran historia, de esas que no dejan indiferente; pienso que todos los que escribimos queremos algo así, pero las sensaciones que siento son esas; otra cosa será lo que salga de mi cabeza al escribir, pero que lo voy a intentar, no te quepa la menor duda (por soñar que no quede). Me he movido en el género de la fantasía, en el drama, ahora estoy trabajando en una aventura de adolescentes (podríamos decir, cuento; aunque también se podría enmarcar como fantasía), y quizá vuelva a cambiar de tablero y de fichas si lo viera necesario, por qué no. Y si la suerte se dignara a mirar hacia mí en algún momento y llegase a publicar, honrado quedo; espero que no sea doloroso el cambio (si lo hubiera), ni los menesteres de la nueva vida me vuelvan tarumba.

Gracias por compartir tus sensaciones, por ponerle tu punto de vista a las mías, y por todas las gratificantes palabras que dejas en mi blog. Gracias, Koffer.
Un abrazo.

MiánRos dijo...

Gracias, Nani. No podría en este espacio tan pequeño agradecerte todo lo que haces por mí. La paciencia que me regalas, las horas de dedicación, y el desinteresado compromiso de ofrecerte a requeteleer mil veces los capítulos que te paso (lápiz en mano). Corriges, aconsejas y resuelves todas esas dudas que, en mayor o menor medida, me surgen durante la gestación de una novela. El respeto que procesas cuando escribo con ese paso silencioso para no enturbiar mi concentración (eres un cielo). Y después de todo, me sorprendes dejando estos comentarios en el blog que hacen que mi ilusión se desate y mi espíritu se sienta plenamente satisfecho. ¿Qué más puedo pedir?

Gracias por sentarte a mi lado y escucharme, y por estar siempre ahí cuando te necesito (me siento arropado y querido). Sin ese calor, estoy convencido de que no hubiera sido lo mismo.
Un beso.
Te quiero.

Deusvolt dijo...

MiánRos, cuánta razón tienes y cuántas cosas en común, compañero. El proceso de escritura es muy intenso, muy ligado a los personajes, te da una satisfacción increíble y te llena, ¿verdad?
Los sacrificios que uno hace en su vida diaria por escribir saben a dulce cuando uno acaba la obra, aunque luego viene la parte de la corrección, donde cincelas y tallas, pules. Es un proceso delicado, continuo, donde no para de aprenderse, de coger oficio. Leer y escribir, escribir y leer. Dos amantes como el sol y la luna.
Has compuesto una bella entrada, poética, que demuestra tu honestidad con el camino emprendido.
Ojalá pronto, llegues a un destino donde te recompensen.
Seguro que llegará.
Un abrazo.

MiánRos dijo...

Gracias Deusvolt.
Cierto es y sorprendente lo que uno llega a involucrarse con los personajes, es como si les hubieras dado vida, los sientes tuyos; a veces bromeo con alguno de mis personajes porque creo oírles en algún lugar de mí y me estuviera diciendo: ¿puedo salir?
No, todavía no, te estoy allanando el camino.
Cómo me gustaría poderles decir: ahora, ahora puedes, sal y dile a todos lo que yo te enseñé, demuestra que eres increíble, que sientes, que sabes enfadarte y reír de veras, y que te concebí para poder vivir en la conciencia de cualquiera, no solo para el momento, sino para siempre.
En fin, si después de todo no saliera ninguna de mis novelas del anonimato, me quedo con todos los buenos momentos que pase disfrutando mientras las escribía, y con todos las felicitaciones y ánimos de las personas que las leyeron en su momento y me brindaron su incondicional aliento, apoyo y cariño; son tantos ya.

Deusvolt, sigamos escribiendo; y cuando gustes, vuelve; un abrazo.

Sombras Chinescas dijo...

Por si te sirve de algo, yo, como tú, me inicié con la novela, pero el género que me ha hecho aprender lo poco que sé (uno asume sin sonrojos que apenas comienza a aprender) ha sido el cuento, ya que se escribe en una tarde mientras que una novela requiere meses.

Hace años que las editoriales no quieren saber nada de nadie que no venga acompañado por un padrino, por lo común un agente, o sea alguien popular, y la mayor parte de los agentes no quieren saber nada de nadie a quien no conozcan previamente.

El panorama se antoja desolador, hasta que uno asume que el mero hecho de escribir ya es en sí un objetivo.

Saludos y suerte.

MiánRos dijo...

Un saludo, Sombras Chinescas.
Llevas tanta razón; yo también vine a este mundo a aprender y me iré de él sin haber aprendido.
Tu comentario es fiel a la situación que vive el mercado editorial. Imagino la avalancha de correo llegando a las agencias y editoriales y llenando de manuscritos los despachos; tiene que ser un caos; y así, día tras día, ¡horrible! Seguramente los momentos que se vean desbordados hasta lanzarán algún palabro contra los “acoplados” que nos ha dado ahora por escribir; nos tendrán tirria.
Bueno, al menos yo, incómodo profesional y doctorado en la Universidad de la Paciencia, seguiré a lo mío que, obviamente y quitando las tareas reiterativas a las que consideramos curro, es escribir.
Gracias por tu comentario.
Un abrazo.

Daniel DC dijo...

Hola Miguel,

La ansiedad surge cuando un escritor desea entrar en la industria y el tiempo no va acorde a sus deseos.

Yo comencé a escribir a los 9 años; lo hacía como entretenimiento y para plasmar los juegos y mundos fantásticos que surgían en mi mente.

A los 23 tomé la decisión de incursionar en la literatura como profesión y fue a los 36 años que logré publicar.

Esta profesión requiere altas dosis de aguante, autoestima, confianza, fe, humildad, dedicación y amor.

No abandones tu sueños. Recuerda al carbón; puede ser sucio al tacto, pero el obrero que conoce la técnica, lo limpia y pule hasta obtener el tesoro que encierra: un diamante.

Un cordial abrazo,

Daniel DC

MiánRos dijo...

Para hablar de paciencia, qué persona mejor que tú como ejemplo, Daniel.

Mi mundo, a diferencia del que he estudiado, visto y figurado en mi mente desde que tengo uso de razón, es pequeño; aquel que me muestran mis ojos día a día, lo que se mueve y lo que no alrededor de mí; ese es mi mundo; lo que está más allá son suposiciones (para mí) que me muestran los que sí estuvieron. Pero al igual que aquello que no veo y sé que existe, creo en los sueños (otro mundo que no se ve). Y podrán tildarme de iluso (muchos) pero no podrán desalojarme del lugar mágico, fingido pero el más tranquilo que frecuento.
Tampoco puedo veros, y sin embargo sé que estáis ahí; creo en vosotros porque mis sentimientos también me sirven para imaginar y ver (qué grande esta armadura de carne que me envuelve, qué voy a hacer cuando empiece a declinar).

Ha sido un placer (verte, imaginarte) por aquí, Daniel. Gracias por visitar mi humilde Blog; un abrazo.

Suerte en la acogida y ventas de tu novela: La Estrella de David.

B. Miosi dijo...

Mian:

Empecé a escribir a los 51 años. Jamás me planteé ser escritora, me gusta leer, y leo como una obsesa.

Cierto día me senté frente al ordenador y escribí las primeras cuatro páginas de mi primera novela. A partir de ese día no he dejado de hacerlo. Comprendí que escribir no es tan difícil como había pensado. Lo verdaderamente difícil es hacerlo bien.

Si de deseas, pasa por mi blog, justamente hay una entrada donde narro mi experiencia. Tal vez te sirva de algo, ¡Y arriba ese ánimo! si yo pude hacerlo, tú también puedes.

Blanca Miosi

Deusvolt dijo...

Me ha gustado mucho la entrada MiánRos, y, además ha dado para muchos e interesantes comentarios. Quizá la tertulia posterior de algunas entradas de blogs es tan o más sugestiva que la propia entrada en sí. Eso es lo maravilloso de internet, la interacción con gente que tiene inquietudes parecidas a las tuyas, ¿no?
Como habéis dicho el camino para publicar requiere de paciencia, fe e ilusión. ´Creo que es muy bonito el hecho de que conozcamos nuestras experiencias y aprendamos los unos de los otros. Como dijo Blanca escribir no es tan difícil, lo complicado es escribir bien. Como todo, requiere una técnica, un oficio.
Un abrazo, amigos.

MiánRos dijo...

Blanca, aunque no te lo creas he pasado alguna vez por tu blog. He disfrutado leyendo las últimas entradas y la naturalidad que adoptas en cada una de tus líneas. Me parece maravillo el tiempo que compartes hablando y animando a todos los que gustan de leer y escribir; con el poco tiempo del que dispones, supongo.
Para mí ha sido todo un honor que hayas pasado por aquí. Ahora mismo enlazo mi blog al tuyo. Seguiré pasando a visitarte, pero esta vez te dejaré mis sensaciones.
Gracias por tu ánimo.

Un abrazo, Blanca.

MiánRos dijo...

Hola Deusvolt.
Parece que la entrada ha tenido buena acogida, cierto. Y resulta gratificante que los comentarios sigan enriqueciendo y sirviéndonos de apoyo solidario para valorar, recapacitar y darnos un margen para la ilusión.
Gracias por tus comentarios.
Qué grande eres; te deseo lo mejor, compañero.