lunes, 28 de septiembre de 2009

1. Delirios
(...)
Qué casualidad, de repente una moneda chinchinea en la acera y me aleja por un segundo de lo que escribo. Son veinte céntimos de euro, dorados como alguno de mis sueños, que desaparecen de inmediato bajo un guante de color verde pistacho, roto en sus extremos, por donde asoman unos dedos mal lavados, mejor dicho, sin lavar; son de mi compañero de cartones; todo el mundo le conoce como Casca, yo también, y me satisface que camine junto a mí en la senda que me tiende la vida.

Le veo que saluda respetuosamente a la persona que le entrega un poco de bondad. Me guiña el ojo mientras me nombra:

─Champalán ─murmura con su particular forma de pronunciar la "c" que muda a favor de una "s". Champalán es el nombre con el que me bautizó él mismo cuando nos conocimos, no sé a santo de qué, pero la verdad, no me incomoda demasiado. Hasta estoy consiguiendo amoldarme como si hubiera respondido a ese apodo toda la vida, sólo espero no olvidar mi nombre verdadero, el que dejaré en la memoria de los que me conocen cuando me vaya.

Vuelvo a lo mío, pero antes veo a Casca que se levanta, se aleja de mi lado y se va. En fin, soy sumamente sensato para saber que no tengo el aspecto de un indigente, como puede tenerlo él, aunque ahora empiece a sentirme como uno de ellos, y viva, en cierta forma, como lo hacen ellos. Pero por desgracia es algo más que esta exigencia mía que insiste en relacionarse y filtrarse entre los vagabundos más necesitados de la ciudad. Quizá esté equivocado, pero siempre me he dejado guiar por mi intuición. Y esta vez, cómo no, ha sido una señal la que me puso sobre el paradero de mi niña. De alguna manera esa señal me decía que debía zambullirme entre la pobreza más indigente de estas calles de Madrid, sólo así sería capaz de dar con mi hija. Y aquí estoy, sin más armas que mi anhelo, y sin más consuelo que el de escribir, con la esperanza de encontrarla en algún momento...

Y es por ello que diariamente analizo cientos de transeúntes, qué digo cientos, miles; la condición de vivir en la calle me da ahora ese privilegio que otros apenas se han parado siquiera a pensar. Aunque he comprobado en mis carnes que es un privilegio demasiado caro para la agonizante miseria que he llegado a respirar, noche tras noche, en este asfalto plagado de escondrijos rociados de orín que se mezclan con las ambiguas sombras de la ciudad. Aun así no renuncio a pervivir entre los necesitados y los flojos de voluntad. Mucho antes de sentir la señal de Ángela y echarme definitivamente a la calle, yo tampoco me hubiera visto así, en medio de toda esta penuria. Pero he sido yo, no culpo a nadie carnal que sí a las circunstancias, el que ha roto este raíl para que el vagón donde viajaba volcara, y así poder vivir, fuera de la ruta donde estaba encarrilado como si fuera un número de una serie matemática interminable.

Aún trato de recomponer los trozos rotos de mi vida, pero cuando busco, algunos pedazos se han perdido y otros no encajan en el maltrecho mosaico de mi razón.

Entonces caigo en la cuenta y me sostengo con el bálsamo del consuelo, pues dicen que: "la vida te da una segunda oportunidad..." Yo, sentado en este aislado apeadero, sigo esperando. Mientras, muevo y giró las piezas que todavía están aún por ajustar en el incompleto puzzle que una vez se revolvió empañando mi memoria.
(...)
(Pequeño fragmento del capítulo uno de la novela, "Ángeles de Cartón").

*********

Paulina, boluda, algún día daré con el lugar donde me dejas tus comentarios. Un abrazo muy fuerte para ti.

Y otro para cada uno de los seguidores y lectores de LITERATURA HORIZONTAL (MiánRos).

3 comentarios:

Knabe Mit Koffer dijo...

Gracias tío, le he cedido Ángeles de Cartón a una de mis primeras lectoras. También me dará su opinión al respecto.

Cuidate

MiánRos dijo...

No sabes lo feliz que me haces con esa noticia, Koffer. Espero que "Ángeles de Cartón" se emancipe y salga por fin de casa, de todas las casas, e incluso se convierta en un "peregrino de papel" con el que poder sentarse a descansar y disfrutar de él; espero que sea del agrado de la lectora, ya me contarás; si algún pasaje le llega a estremecer siquiera un instante, solamente por eso, me veré recompensado.
Por cierto, desde mi "campamento base laboral" salió otro "peregrino de papel" (La Leyenda de Almaranthya) y de mano en mano va...

Un fuerte abrazo.

Knabe Mit Koffer dijo...

El boca-en-boca es lo que te otorga verdadero prestigio. Un libro recomendado es un libro bueno seguro. La semana pasada vendí 3, yo también me encuentro muy ilusionado.