martes, 7 de julio de 2009

...A VOSOTROS.
Me considero afortunado por cuantos me rodean, por cuantos me insuflan su ánimo, y por cuantos esperan algo de mí; eso hace que me sienta querido, GRACIAS. Aunque todo ello implique una responsabilidad que nunca había tenido a mi alrededor, al menos no de este modo, y en consecuencia, no quisiera decepcionar a nadie. Si bien, creo que poco a poco me siento capacitado y, aún espero estarlo más, a medida que el tiempo sea complaciente conmigo y la paciencia no se vaya de mi lado. Y no lo digo como un sentimiento arrogante, y mucho menos de consuelo personal, ni nada que se le parezca. Simplemente, el hecho de que estéis ahí, me hincha la corteza exigente que recubre mi aspiración. Es más, me siento dichoso. Dichoso del tiempo que puedo empeñar en todo aquello que me motiva y conmueve, entre las que se encuentra la ambición de escribir.
No es que posea todo el tiempo del mundo, y válgame que tampoco lo quisiera para mí, ya que lo poco gusta y lo mucho cansa; aunque considero que el dinero no se ajusta a este refrán. Lo digo, más bien, porque me da miedo llegar a los márgenes del tedio y perder esta motivación que engrasa la maquinaria cerebral que hace que mi deseo no se oxide; ya perdí otro interés por el camino cuando empuñaba los lápices y dibujaba... Ay, no quiero echar la vista atrás... canoso nostálgico, boberías inclonclusas que dejaste en los costados del camino como la brizna que barrió el viento y borró tu liviana pisada.
En fin, soltado los nervios del directo, como dicen los artistas, quiero dejaros un breve fragmento de uno de los capítulos de la novela que estoy fundiendo en la forja de Window. Todavía el escrito está sin la corrección exhaustiva, e incluso puede sufrir algún cambio de texto, ya que estamos hablando del primer borrador.

* * * * * * * * *

(Fragmento: La Caja de Pinceles)
...
Giuliana no parece ser consciente de las súplicas silenciosas de su nieta y, embaucada en sí misma, abre el libro y rebusca la línea donde interrumpió la lectura.
Immacolata pierde por momentos la serenidad que había alcanzado y se entromete, a sabiendas del malestar que puede generar nuevamente en su querida abuela.
─¿Ha llegado el momento, para qué? ─le pregunta; alcanzando el tono de crispación que seguramente había pretendido.
Giuliana interrumpe un balbuceo, quizá debido a la satisfacción de haber encontrado el texto que buscaba, sin embargo alza los ojos. Enseguida tropieza con las pupilas desafiantes y negras de su nieta que parecen esperar una respuesta.
La abuela suspira, baja su mirada, cierra el libro y vuelve a levantar la vista hacia su nieta, todo de un modo tenso, pero perezosamente y por ese orden.
─¿Por qué te pones así? ─le pregunta.
─¿Ha llegado el momento para qué, abuela? ─repite la muchacha sin pestañear.
─Ay, la pequeña Maco. ¿Acaso has olvidado qué día es mañana?
Maco, como cariñosamente la llama su abuela, rebusca rápidamente en su conciencia, en medio del malestar que no hace sino alterar su comportamiento y... ¡No encuentra nada! “¿Qué tiene que ocurrir mañana? ¿Hay algo especial que he pasado por alto?”.
Maco sabe que mañana será un día de clase sin más, viernes para ser más exactos, y quizá las horas de clase sean tan aburridas como lo han sido durante toda la semana. Pero de pronto, cae en la cuenta de la pregunta de Giuliana, y la respuesta le viene a la memoria de sopetón. Justo cuando sus palabras quieren brotar de sus labios, su abuela se adelanta.
─Mañana es tu cumpleaños ─le recuerda su abuela; su voz y sus ojos se han llenado de satisfacción, a pesar de que su ánimo aún sigue dolido.
─Es cierto. ¡Qué tonta! ─se reprende a sí misma Maco.
Ella sabe de sobra que ha sido una semana extraña y dura, incluso ha discutido con mamá y con alguna que otra amiga del instituto en plena fase de exámenes. Quizá todo ese malestar se ha acumulado y haya repercutido en la febril indisposición actual.
─Dentro de unas horas cumplirás los dieciocho ─expresa Giuliana.
Maco no dice absolutamente nada. Se ha quedado en blanco, superada por su mala cabeza.
─Cierto día como hoy, y faltando unas horas para que yo cumpliera los dieciocho años, Bianca, mi abuela, puso en conocimiento mío estos escritos y el peso y la responsabilidad que significaban realmente.
Maco toma conciencia de lo que acaba de escuchar, simplemente por el tono confidencial expuesto por su abuela Giuliana. El día de su cumpleaños se va de golpe de su cabeza igual que vino, y su concentración se ajusta únicamente en la relevante noticia que acaba de recibir. Por tanto, su expresión cambia; por un segundo parece que hasta el malestar la ha abandonado.
─¿Un legado? ─pregunta, llevada por la curiosidad.
─Podría decirse que sí ─es la respuesta que recibe─. Y muy antiguo, Maco.
─¿Cómo de antiguo?
─La respuesta a esa pregunta, y cuantas te puedan surgir, están en estas mágicas hojas. Pero sin duda es un legado que data del siglo XVI, la época donde el Renacimiento se hacía paso en la vieja Europa.
─¿Y es muy importante?
─Ya lo creo.
Maco traga saliva, mientras las ganas de interrogar a su abuela la dominan irrefrenablemente. Sin embargo no sabe por dónde empezar, no sabe qué decir. Es su abuela la que interviene de nuevo, prosiguiendo con la importancia que rodea a aquella historia.
─Ahora este manuscrito te pertenece ─indica─, y lo que en él se manifiesta también, como a mí me perteneció hasta llegado este momento, y como a ti te pertenecerá hasta que la primera de tus nietas cumpla los dieciocho años.
─¿De abuelas a nietas? ¿Y qué pasa con las madres?
─Yo me hice la misma pregunta entonces, pero no obtuve respuesta. Así que no podría explicarte el por qué de esa irregular secuencia genealógica, y por qué una generación quedaba aislada del conocimiento de este legado, pero en fin, así es.
─¿Y si yo muriese antes de que llegase el día del traspaso del legado?
─Buena pregunta. Veo que eres más avispada y preparada que yo en mi tiempo. Yo sólo llegué a ese razonamiento muchas semanas después.
─¿Encontraste la respuesta?
─Debiera decirte que no; y así fue, pues no la encontré. Fue ella la que me encontró a mí.
─¿¡Abuela!? ─Maco cierra los ojos un tanto consternada.
─Es cierto Maco, no pierdas los nervios. Desde el momento en que recibí este libro antiguo una fuerza innatural empezó a fluir cada vez que me acercaba a él y lo tocaba.
─Ahora sí que parece un cuento, abuela.
─¡Puedes creerme! Ciertamente sucedía así. Era como si el Libro tuviera vida propia, y el Espíritu que custodiaba sus mágicas hojas me ayudase.
─¿Quieres decir que cualquier duda que te surgía entonces, el Espíritu del Libro te lo resolvía, sin más?
Giuliana simplemente despide una sonrisa involuntaria en respuesta.
─¡Oh, vamos, abuela! ¿¡No pensarás que voy a tragarme eso!?
Antes de que la protesta de Maco se aleje de sus labios, Giuliana abre de par en par sus viejos ojos y echa una mirada desafiante a su nieta.─Lo harás ─sentencia arrastrando su mirada hasta la joven─. Y cuando sepas el verdadero significado que trato que entiendas, aún más.
...

4 comentarios:

Knabe Mit Koffer dijo...

Hola Mián! Llegué a tu blog porque he sabido que tú también participaste en el concurso de El País, o como mínimo hacías mención de ello en tu página blogspot. Antes de comenzar con mi respuesta quisiera darte las gracias por tomarte la molestia de escribirme un comentario
tan extenso, me he hecho seguidor de tu blog puesto que tengo intención de ir leyéndolo en cuanto tenga ocasión... no tengo prisa pues dispongo de toda la vida para hacerlo, ahora ya conozco el lugar donde vuelcas tu semántica.

A medida que voy leyendo te voy comentando ¿ok?

-Respecto a la profesionalidad: A diferencia de la mayoría de los escritores que voy conociendo yo no tengo verdadera vocación, nunca la he tenido salvando que en una ocasión un profesor de cuarto de básica me sugirió que dedicase mi esfuerzo a tal propósito. Soy un fraude, he aprendido a escribir sólo por necesidad ya que cuando comencé con mi novela ésta era un desastre gramatical ilegible. Toda esta pantomima viene motivada por mi deseo de comunicar algo que creo haber descubierto;
algunos lo considerarán una estupidez, yo siento que necesito escribirlo... y ahí está. Y gratis.

-Adoro el reino del anonimato, vivo de él ya que he nacido sociópata-sociable. No lo confundas con una incongruencia, siempre lo explico de la misma manera: "Amo a la humanidad, pero no soporto a la gente" Esta es una frase que he leído en los tebeos de Snoopy, no me creas tan lúcido.

-No me gustó el Pijama de rayas, no soporto ver a los niños sufrir. ¿Te has dado cuenta de la cantidad de libros que se escriben sobre el nazismo? Yo personalmente no los necesito.

Me alegro de poder alentar a los que siguen el mismo camino, me ofrezco para ayudar a todo aquel que quiera sentirse tan ilusionado como yo.

Una vez más Mián, gracias por el comentario y gracias por escribir tu blog. Espero continuar leyéndote, que da gusto.

vickypicara dijo...

Me fascina Italia, y el Renacimiento. Me parece una época en la que algunos "Elegidos", sabían más de lo que debían, para el tiempo que les tocó correr. Artistas como Donatello, Botticelli, Rafael, Leonardo, Miguel Ángel... y escritores y poetas como Dante Aliguieri, Boccaccio o Maquiavelo, nos dejaron en sus obras tantas, y tantas inquietudes...
Me parece un principio de historia espectacular.
Ahora... hazla Grande y Bella.

Knabe Mit Koffer dijo...

Muy interesante, por cierto, El Sutra del diamante. Te lo agradezco.

MiánRos dijo...

Gracias Vicky por tus palabras. Uno no sabe cuando escribe cómo será el resultado. Intentaré, al menos, que sea una historia entretenida.